Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Manual de Iglesia
18° Revisión
EDICIÓN 2010
Asociación Casa Editora Sudamericana
Av. San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste
Buenos Aires, República Argentina
Título original: Seventh-day Adventist Church Manual, Asociación de la
IASD, Silver Spring, Maryland, EE.UU. de N.A., 2010
Dirección: Marcos Blanco
Traducción: Roberto Gullón
Diseño del Interior: Judith Kaiser de Romero
Ilustración de la tapa: DSA
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jueves, 23 de mayo de 2013
¿Es la Iglesia Católica la Iglesia verdadera?
Introducción
La Iglesia Católica es la religión cristiana con más miembros nominales
que existe. Para probar su veracidad, la Iglesia Romana sostiene varios
argumentos que, supuestamente, demuestran que es la única iglesia verdadera
sobre la tierra. Estos argumentos son:
- San Pedro es la “roca” sobre la cual la iglesia cristiana está
fundada.
- San Pedro fue el líder de la iglesia cristiana primitiva.
- San Pedro fue el primer Obispo
de Roma. Dicho obispado era, desde su comienzo, superior a todos los demás.
- La sucesión apostólica -que ha
sido dirigida por el Espíritu Santo, haciéndola continua- le ha permitido a los
sucesivos obispo de Roma heredar las
funciones y prerrogativas que San Pedro tenia.
- La Iglesia Católica ha heredado la doctrina cristiana primitiva, que
ha sido mantenida en forma constante y armoniosa por los sucesivos obispos
romanos.
Estos
seis argumentos son utilizados por el Papado para sustentar su autoridad y
también la veracidad del Catolicismo. A continuación analizaremos estas
evidencias -mediante las Sagradas Escrituras, la Tradición Cristiana y la
Historia Eclesiástica- para determinar su veracidad.
miércoles, 22 de mayo de 2013
Loron Wade - Los Diez Mandamientos
Lo invito a repasar conmigo los grandes principios expresados en los Diez Mandamientos. Al hacerlo usted notará cómo la solución propuesta hace tantos siglos en la Sagrada Biblia satisface las urgentes necesidades de nuestro tiempo.
Los Diez Mandamientos son un caudal de soluciones. Son principios que tienen una aplicación razonable en la vida diaria de cada uno. Y en su aplicación está su comprobación, porque los resultados positivos no se hacen esperar. Son inmediatos y sumamente satisfactorios.
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¿Apoyaba Ignacio de Antioquia la observancia del domingo?
Introducción
Ignacio de Antioquia es citado frecuentemente para probar
la observancia del domingo entre los primeros cristianos. Este obispo cristiano
del siglo II escribió siete cartas, alrededor del año 117 d.C. En una de estas
epístolas existe un polémico pasaje que es utilizado como evidencia de la
observancia del domingo en la cristiandad primitiva.
miércoles, 13 de febrero de 2013
La Trinidad (e-Book)
Entre los adventistas del séptimo día es frecuente que la doctrina de la Trinidad tenga aceptación. Pero últimamente ha recibido gran oposición por parte de una minoría que se ha retrotraído a la posición antitrinitaria de los pioneros. Como respuesta, los autores, cada uno un especialista en su esfera de actividad, analizan la doctrina de la Trinidad desde distintos ángulos.
La primera sección repasa los fundamentos bíblicos de la doctrina y toma en cuenta las objeciones que han surgido. Otras secciones trazan el desarrollo de la doctrina en la iglesia cristiana, en la historia del adventismo y en los escritos de Elena de White. Los autores explican por qué la doctrina fue resistida por muchos de los pioneros líderes.
La sección final pregunta: “¿Y ahora qué?” Allí se discute las deducciones teológicas y prácticas de la creencia, adoración y práctica trinitaria, y muestra cómo lo que creemos afecta nuestra salvación, expiación, el gran conflicto y otras doctrinas significativas. Con glosario, bibliografía e índices, este exhaustivo manual básico acerca de la Trinidad arrojará nueva luz sobre la creencia central del cristianismo, y mostrará cómo Dios aún conduce a su iglesia a toda verdad.
martes, 12 de febrero de 2013
¿Deben los cristianos guardar el sábado o el domingo? Parte I: Lo que la Biblia nos dice.
Introducción
La
gran mayoría de las iglesias cristianas de hoy en día guardan el domingo como
el día de reposo bíblico, o al menos se congregan en tal día. Esto contradice
el mandamiento bíblico que dice: “Acuérdate
del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es
reposo para Jehová tu Dios” (Ex. 20:8-10).
Mientras
que la Biblia ordena guardar el séptimo día, el sábado, como el día de reposo
para Dios, la mayoría de las iglesias guardan el domingo. ¿Cuál es el día correcto
para observar?
¿Qué nos dice el Antiguo Testamento acerca del Sábado?
La
palabra Sábado viene del hebreo Shabbath שׁבת Que significa “reposo”, “descanso” o “cese”.
La primera vez que aparece esta palabra es en Génesis 2:
“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la
obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo,
y lo santificó, porque en él
reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” (Gn. 2:2-3)
Aquí
es cuando la observancia del día de reposo comienza. Esto puede probarse al
analizar las acciones de Dios.
Dios reposó en el séptimo día. Sin embargo
Él no tenía necesidad de hacerlo, ya que no se cansa ni se fatiga (Isa.
40:28). Lo hizo para darnos un ejemplo a seguir a nosotros:
“…[Dios] reposó el día séptimo, no para reposar de
agotamiento por el trabajo, mas cesó de trabajar, dando un ejemplo, que
equivale a un mandato, para que nosotros también suspendamos toda clase de
trabajos. […] La institución del sábado es tan vieja como la creación, dando
origen a la división semanal del tiempo, la que prevaleció en las épocas más
remotas. Es una ley sabia y benéfica, pues proporciona aquel intervalo regular
de descanso que requiere la naturaleza física del hombre y de los animales
empleados en su servicio, y la inobservancia del mismo trae en ambos casos una
decadencia prematura. Además, si el descanso fué necesario en el estado de la
inocencia primitiva, ¡cuánto más ahora, cuando el hombre se inclina a olvidar a
Dios y sus demandas!” (Comentario Biblia Jamieson-Fausset-Brown,
tomo I, pág. 21)
Dios
nos ha dado un día especial: el sábado, para descansar de nuestras labores
físicas y conseguir descanso mental y espiritual. Un día en que nos olvidamos
del mundo y nos acercamos a Dios en forma exclusiva.
Dios bendijo y santificó el séptimo día. A diferencia de los demás días, el
séptimo día fue bendecido y santificado. Esto significa que, a diferencia de
los demás días, éste seria especial y distinto. El sábado fue creado para
beneficio del hombre (Mar. 2:27), ya que podría descansar de sus trabajos y
dedicarse exclusivamente a Dios y su prójimo.
El
séptimo día también fue santificado. El verbo utilizado fue qadash que tiene un
significado muy especial, tal como lo dice el Diccionario Expositivo Vine de
Palabras del Antiguo Testamento:
“La raíz principal de este verbo denota un acto o estado
por el cual personas o cosas se apartan para el culto a Dios”
El
séptimo día, por lo tanto, quedo de allí en adelante apartado del resto de los
días: queda separado para Dios. Esto significa que la observancia del séptimo
día de la semana como Sábado tuvo su origen ya en el comienzo de la historia,
aun antes de la entrada del pecado. Si bien hay quienes creen que el Sábado fue
establecido recién en el Monte Sinaí con la entrega de las tablas de piedra con
el Decálogo a los israelitas, el texto de Génesis 2:2-3 es una clara evidencia
de lo contrario. La observancia del Sábado ya comenzó en la creación:
“Nótese al comienzo mismo del reino de gracia, la
santificación o la observancia sagrada del día de reposo. […] En este momento,
nadie de la raza humana tenía ser sino nuestros primeros padres. Para ellos fue
instituido el día de reposo y, es claro, también para todas las generaciones
sucesivas.” (Comentario bíblico de Matthew-Henry en un
tomo, pág. 6)
La
Biblia no dice explícitamente que después de la creación se guardo el Sábado.
Sin embargo tampoco se dice que no se guardo. Sin embargo, dado que los
patriarcas conocían la semana de siete días (Gn. 7:4; 8:10, 12; 19:18, 27-28;
31:23; 50:10) y tenían leyes dadas por Dios (Gn. 26:5), se puede decir que es
muy probable que si hallan guardado el Sábado.
Hay un
evento sucedido al pueblo de Israel que apoya fuertemente la idea de que la
observancia del Sábado es anterior al Monte Sinaí. En el capítulo 16 de Éxodo
se relata como Dios les da mana a los israelitas para saciar su hambre. Moisés
le anuncio al pueblo de Israel que Dios les daría “pan”. Cada mañana debían
recoger lo que iban a consumir, mas el sexto día (el viernes) debían recoger
una doble porción.
Cuando
llego el viernes, Moisés les dijo a los israelitas:
“Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es
el santo día de reposo, el reposo
consagrado a Jehová; lo que habéis de
cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo;
y todo lo que os sobrare,
guardadlo para mañana.
Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió.
Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo. Seis días lo
recogeréis; mas el séptimo día es día de
reposo; en él no se hallará.” (Ex. 16:23-26)
Es
importante notar que Moisés le hablo a Israel del séptimo día como día de
reposo antes de llegar al Monte Sinaí. Él no les explico a los israelitas cual
era el origen del sábado, su función o como debía observarse, sino que supone
que los israelitas ya lo conocían. La Biblia Nacar-Colunga comentada por los
Profesores de Salamanca dice lo siguiente:
“Moisés mandó recoger doble ración de maná el día sexto,
porque “mañana es sábado, día de reposo, consagrado a Yahvé.” Y no se dan
explicaciones sobre su origen, sino que se da como aceptado y conocido de los
israelitas. Parece, pues, una costumbre antigua, en vigor entre los israelitas”
Es
correcto suponer que los israelitas conocían la noción del descanso sabático en
el séptimo día de la semana, aunque muy probablemente el tiempo que habían
pasado en Egipto como esclavos hizo que perdieran parcialmente ese
conocimiento. Motivo por el cual Dios debió recalcárselos nuevamente en el
Monte Horeb, al entregarles los Diez Mandamientos.
Cuando
Dios escribió con su propio dedo los Diez Mandamientos en tablas de piedra, se
tomo mas tiempo con el Cuarto Mandamiento que con los demás. Esto se debe a que
es el mandamiento mas extenso de los diez:
“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días
trabajarás, y harás toda tu obra; mas el
séptimo día es reposo para Jehová tu Dios;
no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo,
ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada,
ni tu bestia, ni tu extranjero
que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la
tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto,
Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” (Ex. 20:8-11)
El
Cuarto Mandamiento comienza con la palabra “acuérdate”.
Esto es una evidencia mas de que existía antes del Sinaí:
“La forma del cuarto
mandamiento, “Acuérdate”, demuestra que aquí no es la primera vez que se da,
sino que era conocido antes por el pueblo.”
(Comentario bíblico de Matthew-Henry en un tomo, pág. 88)
La
expresión “acuérdate” también es una
advertencia divina para evitar olvidarnos del día mas importante de la semana.
El sábado es el día en el cual nosotros, nuestros empleados y herramientas de
trabajo cesan por completo de su labor. Nuestro cuerpo descansa y nuestra mente
y espíritu se concentran completamente en nuestro Dios y Creador.
El
sábado también cumple otra función: la de recordarnos que Dios nos creó. Por
lo tanto el séptimo día es un memorial de la creación. Sin embargo resulta muy
extraño creer que la observancia del día de reposo comenzó a existir a partir
del Sinaí si es un recordatorio de la creación. Todos los memoriales que
aparecen en la Biblia fueron dados inmediatamente después del evento que deben
recordar.
Por
ejemplo: El arcoíris fue dado inmediatamente después de que el diluvio
terminada (Gn. 9:9-17). Lo mismo sucedió con la pascua (Ex. 12:1-27), la Cena
del Señor (Mat. 26:26-28), etc.
¿Por
qué Dios espero más de 2.500 años para crear un memorial de la creación? La
única forma de responder esta pregunta es aceptar, tal como la evidencia
bíblica indica, que la observancia de Sábado comenzó en el Edén, y no en el
Sinaí.
Luego
de que la observancia del séptimo día de la semana como el Día de Reposo
dedicado a Dios fuera reafirmada en el Sinaí, se convirtió en una señal entre
Dios y su pueblo. Mientras que otras naciones tenían leyes que prohibían robar,
mentir, matar, etc., al igual que los israelitas, ningún pueblo en la
Antigüedad guardaba el Sábado. La observancia del séptimo día era la señal que
distinguía a los verdaderos hijos de Dios en la tierra:
“Habló además Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de
Israel, diciendo: En verdad vosotros
guardaréis mis días de reposo; porque es
señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os
santifico.” (Ex. 31:12-13)
Siendo
que el Sábado es un memorial de la creación, y Dios siempre permanecerá como
nuestro creador, la observancia del séptimo día se concierte en un memorial
perpetuo:
“Guardarán,
pues, el día de reposo los hijos
de Israel, celebrándolo por sus
generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de
Israel; porque en seis días hizo Jehová
los cielos y la tierra, y en el séptimo
día cesó y reposó.” (Ex. 31:16-17)
Esta
designación del sábado como un señal perpetua entre Dios y sus hijos fue
repetida por los profetas (Eze. 20:12, 20). En realidad los profetas y líderes
del pueblo de Israel se esmeraron en
mantener la observancia del Sábado y evitar su abandono (Eze. 20:13; 22:8;
23:38; Neh. 13:17-18). Una de las principales razones por las cuales el pueblo
de Judá fue llevado al cautiverio fue dejar de observar el Sábado (Jer.
17:19-29).
Pero
los profetas, además de recalcar la importancia de la observancia del séptimo
día, fue anunciar la universalidad del Sábado.
“Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no
profanarlo, y que guarda su mano de
hacer todo mal. Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me
apartará totalmente Jehová de su pueblo.
Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Porque así dijo Jehová: A
los eunucos que guarden mis días de reposo,
y escojan lo que yo quiero, y
abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá.
Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para
servirle, y que amen el nombre de Jehová
para ser sus siervos; a todos los que
guarden el día de reposo para no profanarlo,
y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán
aceptos sobre mi altar; porque mi casa
será llamada casa de oración para todos los pueblos.”
(Isa. 56:2-7)
A
partir de esta declaración podemos afirmar sin lugar a dudas que el Sábado no
fue creado para los judíos. Todas las personas, sin importar su condición o
nacionalidad, puede acercarse a Dios, aceptar sus leyes y hacerse merecedor de
sus bendiciones.
Jesús y el Sábado.
Nuestro
Señor Jesucristo nació bajo la ley judía, por lo tanto debía obedecérsela
fielmente (Gal. 4:4). Durante toda su vida Jesús obedeció toda la ley,
incluyendo el sábado, en forma perfecta, de modo que nunca pecó (Heb.
4:15).
Jesús
acostumbraba a observar el sábado y asistir a la sinagoga, tal como lo asegura
la Biblia:
“Vino a Nazaret,
donde se había criado; y en el
día de reposo entró en la sinagoga,
conforme a su costumbre, y se
levantó a leer.” (Luc. 4:16)
Sin
embargo, algo que Cristo nunca hizo, fue seguir las costumbres de los fariseos
respecto del sábado. Ellos tenían decenas de reglas y prohibiciones respecto
del día de reposo. Ellos habían convertido ese día en una carga, en vez de la
bendición que debía ser. Jesús corrigió a los rabinos de su tiempo diciendo:
“El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.” (Mar. 2:27)
En vez
de convertir al Sábado en una carga llena de prohibiciones, como hacían los los
fariseos, Jesús utilizaba el séptimo día para asistir a sinagogas a enseñar
(Mar. 1:21; Luc. 13:10), sanar enfermos (Mar. 1:21-31; 3:1-5; Luc. 13:10-17;
14:1-4; Jn. 5:1-15; 9:1-7) y dedicarles tiempo a sus discípulos (Mar. 1:29-31;
2:23). Muchas de las actividades que Cristo realizaba en el séptimo día iban en
contra de las tradiciones judías (aunque no contra la ley divina). Por esto los
fariseos lo acusaron de quebrantar el día de reposo (Jn. 5:18). Sin embargo
esta acusación es completamente falsa. Como Jesús nació bajo la ley, debía
guardar el sábado fielmente o habría estado pecando y la Biblia es bien clara
al decir que Cristo fue perfecto y sin pecado. Por lo tanto es claro que Él
nunca quebrantó el sábado.
Sin embargo,
aunque Jesús nunca infringió el día Sábado, hay ciertas declaraciones suyas que
son consideradas por algunos como pruebas de que el Sábado fue abolido por Él
“Por tanto, el
Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.” (Mar.
2:28)
Los
rabinos judíos habían convertido al Sábado en un carga mediante sus
prohibiciones y reglamentos. De modo que el hombre debía vivir durante el día
de reposo para cumplir cada regla y tradición. Jesús declaró que Dios era el
creador del Sábado, por lo tanto es el único que puede definir que está
permitido y prohibido durante ese día. Cristo, como Hijo de Dios, tenía
autoridad sobre el día de reposo, ya que le pertenece a Él.
Pero
el señorío y pertenencia que Cristo tiene del día de reposo no son para abolirlo,
ya que en el versículo anterior Él dijo que el Sábado es para beneficio del
hombre. La autoridad de Jesús sobre el Sábado es para restaurar su verdadero
significado de bendición y beneficio para el hombre, y despojarlo de las
tradiciones humanas que oscurecen la importancia del séptimo día:
“¿En qué sentido, pues, es el Hijo del hombre Señor del
día sabático? Seguramente no para abolirlo, pues éste sería un extraño señorío,
especialmente después de haber dicho que fué instituído para el hombre, sino
para poseerlo, interpretarlo, presidir sobre él y ennoblecerlo,” (Comentario Biblico Jamieson-Fausset-Brown, Tomo II, pág. 57)
Cuando
los fariseos vieron los milagros de sanación que Jesús realizaba en el día
sábado lo atacaron, ya que esas actividades iban en contra de sus tradiciones.
Para defenderse de las acusaciones Jesús declaro:
“Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” (Jn.
5:17)
Aunque
Dios descanso el séptimo día, Él no se detuvo en su labor de mantener el
universo en orden. Nuestro Padre Celestial no se detiene los sábados en su
tarea de ayudarnos y redimirnos, por lo que Jesús tampoco. Cristo solía sanar
personas y liberarlas de la esclavitud de la enfermedad y el pecado en Sábado.
Hacer esto no iba en contra de las leyes divinas, sino que estaba de acuerdo
con la actitud de Dios respecto del Sábado. Dios está siempre obrando por la
salvación del hombre, por lo no había nada de incorrecto en que el Hijo de Dios
obrara en Sábado para salvar y sanar personas.
Al
pronunciar estas palabras, Jesús no estaba dándonos permiso para abolir el
sábado, sino para abandonar las tradiciones humanas que nos impiden ayudar a
nuestro prójimo en el día de reposo. En realidad Cristo fue muy claro durante
su ministerio terrenal al decir que Él no vino a abolir las leyes divinas,
sino a aclarar su significado:
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los
profetas; no he venido para
abrogar, sino para cumplir. Porque de
cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley,
hasta que todo se haya cumplido.
De manera que cualquiera que quebrante uno de estos
mandamientos muy pequeños, y así enseñe
a los hombres, muy pequeño será llamado
en el reino de los cielos; mas
cualquiera que los haga y los enseñe,
éste será llamado grande en el reino de los cielos” (Mat. 5:17-19)
Hay
quienes dicen que Cristo no vino a abolir las leyes de Dios, sino a cumplirlas;
pero que al cumplirlas las abolió. Esto convertiría en absurda la declaración
de Jesús e iría en contra del contexto.
Jesús
dijo claramente que El no vino a abolir las leyes divinas, sino a cumplirlas.
Esto significaba que el obedecería fielmente la Ley de Moisés y, al mismo
tiempo, cumpliría con las profecías mesiánicas y las prefiguraciones
ceremoniales referentes al sacrificio expiatorio del Mesías.
El
versículo 18 es claro al decir que las leyes que Dios les dio a sus hijos no
pasaran, ni seran abolidas de ninguna manera, sino “hasta que todo se haya cumplido”. Es importante notar que allí no
se dice “hasta que yo (Jesús) lo haya cumplido todo” sino “hasta que todo se haya
cumplido”. Que Cristo cumpliera
perfectamente con la Ley no la anula, pues “es
más fácil que pasen el cielo y la tierra,
que se frustre una tilde de la ley” (Luc. 16:17).
Jesús
termina diciendo que cualquiera que infrinja las leyes de Dios y enseñe a
hacerlo, será llamado “pequeño” en el Reino de los Cielo. Si Jesús hubiera
enseñado a infringir el sábado, entonces –según sus propias palabras- debería
ser llamado “pequeño en el reino de los cielos”. ¡Esto es algo absolutamente
ridículo e incluso blasfemo! Cristo nunca pronuncio ni siquiera una sola
palabra contra la observancia del Sábado. Al contrario, Él le predico a una
multitud unos pocos días antes de su crucifixión diciendo:
“En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los
fariseos. Así que, todo lo que os digan
que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen,
y no hacen.” (Mat. 23:2-3)
Jesús
les dijo a sus seguidores y discípulos (vers. 1) que debían seguir las
enseñanzas de los escribas y fariseos -esto incluye la observancia del Sábado-,
pero no seguir sus ejemplos. Los rabinos judíos seguían muchas tradiciones
humanas y se olvidaban del verdadero significado de las leyes. Los seguidores
de Cristo debían seguir las enseñanzas de los rabinos, pero no sus tradiciones
humanas.
Jesús y el domingo
El
domingo es mencionado 6 veces en los evangelios relacionado con Jesús. Sin
embargo nunca se dice que Cristo haya observado el domingo o haya ordenado
guardarlo. Tampoco los apóstoles dieron un mandato similar a ese.
De las
menciones del domingo realizadas en los evangelios cuatro son referidas a la
resurrección (Mat. 28:1; Mar. 16:2; Luc. 24:1; Jn. 24:1). En ninguno de estos
versículos se dice que Jesús o sus discípulos transfirieran el sábado del
séptimo día de la semana al primero. Tampoco se dice que Jesús o los apóstoles
comenzaran a observar el domingo u enseñarían a hacerlo. La Biblia guarda un
completo silencio al respecto.
Sin
embargo hay dos versículos que suelen ser usados para probar la observancia del
domingo por parte de los discípulos de Jesús:
“Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar
donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús,
y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.” (Jn.
20:19)
Hay
quienes creen que los discípulos estaban reunidos en el primer día de la semana
(domingo) para guardar ese día. Sin embargo, el motivo de esa “reunión” es muy
clara: “estando las puertas cerradas en
el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos”.
Los apóstoles están juntos para esconderse de los judíos, no estaban observando
el domino ni tampoco realizando algún culto. Es mas, es probable que la mayoría
todavía no había creído en la resurrección de Jesús (Luc. 24:11).
Otro
versículo utilizado para apoyar la observancia del domingo es el siguiente:
“Ocho días después,
estaban otra vez sus discípulos dentro,
y con ellos Tomás. Llegó
Jesús, estando las puertas
cerradas, y se puso en medio y les dijo:
Paz a vosotros.” (Jn. 20:26)
Ocho
días después de lo sucedido en el versículo presentado primero, es decir al
siguiente domingo (según el computo inclusivo) Jesús volvió a aparecerse ante
los discípulos reunidos.
La
razón por la cual los discípulos reunidos es desconocida, pero probablemente
seguían temerosos de los judíos. La razón por la cual Jesús se apareció en
domingo fue porque ese día Tomas estaba presente. Este discípulo estuvo ausente
en la primera aparición de Cristo y se negaba a creer en la resurrección (vers.
24 y 25). Jesús aprovecho que Tomas estaba presente junto con los demás
apóstoles para darle pruebas contundentes de su resurrección.
Es significativo
que en ninguno de los evangelios se mencione al domingo en forma especial, no
se lo llama “Sabbath” o “Sabbaton” (Sábado en griego), tampoco se ordena su
observancia ni se registra de ningún caso en que haya sido guardado. Ni los
apóstoles ni Cristo jamás transfirieron la santidad del séptimo día al primero.
Ningún cambio en lo que respecta al día de adoración se registra en los
evangelios.
Jesús
tuvo varias oportunidades en la que podría haberles hablado a sus discípulos
sobre el domingo. Pero siempre guardo silencio al respecto.
El día
antes de la crucifixión Cristo reemplazo la celebración de la Pascua con la
Cena del Señor (Mat. 26:26-28). Bien podría haber aprovechado la oportunidad
para reemplazar el sábado con el domingo, pero no hay registro bíblico de que
lo hiciera. Y si hubiera querido debería haberlo hecho antes de su muerte,
porque con ella sellaba el Nuevo Pacto:
“Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del
testador.
Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador
vive” (Heb. 9:16-17)
Solo a
partir de la muerte de Cristo el Nuevo Pacto entró en vigencia, y una vez que
comenzó a regir, no puede ser modificado:
“Hermanos, hablo
en términos humanos: Un pacto, aunque
sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.”
(Gal. 3:15)
Siendo
que no hay ninguna mención del domingo antes de la crucifixión de Cristo, es
obvio que este día no tiene ningún tipo de importancia en el Nuevo Pacto. Lo
cual es confirmado por la conducta de las seguidoras mas cercanas de Jesús:
“Y las mujeres que habían venido con él desde
Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y
ungüentos; y descansaron el día de
reposo, conforme al mandamiento” (Luc. 23:55-56)
Las
mujeres que seguían a Jesús no conocían la observancia del domingo. Ellas, aun
después de la crucifixión, descansaron en el séptimo día de la semana: el
Sábado.
El Sábado y el domingo en el Nuevo Testamento
Al
igual que las mujeres seguidoras de Jesús, que guardaron el sábado aun después
de la crucifixión, los discípulos continuaron haciéndolo. Pablo, por ejemplo,
aunque era conocido como “el Apóstol de los Gentiles”, solía dedicar los
sábados a la predicar el evangelio y asistir a las sinagogas o lugares de
adoración (Hch. 13:14, 42-44; 16:13; 17:2; 18:4).
Si
bien hay quienes dicen que el Sábado no fue observado sino que fue abolido con
el Nuevo Pacto, no hay evidencias de tal cosa en el Nuevo Testamento. Por
ejemplo, los judíos tenían dos grandes costumbres: la circuncisión y la
observancia del séptimo día. Cuando los discípulos abandonaron la circuncisión
hubo una feroz contienda, ya que muchos judíos convertidos deseaban seguir con
las costumbres judías. Esto llevo a realizar el primer concilio cristiano: el
Concilio de Jerusalén (Hch. 15).
Durante
el Concilio de Jerusalén hubo un fuerte debate entre los judaizantes, que
abogaban en mantener la circuncisión (Hch. 15:1, 5), con los apóstoles, que
solicitaban abandonar esa práctica (Hch. 15:2). El veredicto del Concilio fue
de no obligar a los conversos del cristianismo a circuncidarse ni guardar las
leyes mosaicas.
Es muy
interesante notar que el todo el debate del Concilio no se menciono el Sábado
ni siquiera una sola vez. Esto puede significar dos cosas:
·
O su observancia estaba confirmada
y aceptada, y no podía ser puesta en tela de juicio.
·
O todos los cristianos, aun los
judaizantes que abogaban seguir con las costumbres judías, estaban de acuerdo
en no observar el séptimo día y guardar el domingo en su lugar.
La
segunda opción trae varios problemas. Especialmente porque no hay ningún
registro bíblico de que Jesús o los apóstoles ordenaran guardar el Sábado o
transfirieran la santidad del sábado al domingo. Tampoco hay evidencias
bíblicas de los judaizantes aceptaran el domingo como nuevo día de reposo. Es
mas, resulta ilógico pensar que ellos aceptaron ese cambio sin discusión. Si
hubiera sucedido ese cambio del sábado al domingo, los judaizantes hubieran
continuado abogando por las costumbres judías –incluida la observancia del
séptimo día- ante el resto de la Iglesia cristiana, especialmente durante el
Concilio de Jerusalén.
Por lo
tanto la opción mas viable para explicar la falta de debate sobre el sábado y
el domingo en el Concilio de Jerusalén, es aceptar que la observancia del
séptimo día estaba establecida y aceptada en forma general, por lo que nadie
puso en duda la vigencia del mandamiento.
Esto
puede ser confirmado por lo escrito en la Epístola a los Hebreos. Allí se le
avisa a los cristianos que la observancia del sábado continua vigente:
“Por tanto es claro que queda un descanso sabático para
el pueblo de Dios.” (Heb. 4:9)
Durante el cap. 4 de Hebreos hay una idea
central que es repetida una y otra vez: hay un reposo para los hijos de Dios.
Este reposo no fue el entrar a Canaan, ni tampoco observar el Sábado. Este
reposo es espiritual y celestial, es el descanso eterno que los salvos gozaran
en el paraíso. Los judíos llamaban al Cielo como “el día donde siempre es
sábado”. Por lo tanto, el sábado es una figura del reposo celestial. Esto no
anula al sábado, sino que garantiza su vigencia, ya que los símbolos están
vigentes hasta que se encuentran con la realidad que simbolizan, y aun no hemos
llegado al cielo, tal como lo dice el Comentario Bíblico
Jamieson-Fausset-Brown:
“Este
texto indirectamente establece todavía la obligación del sábado, un día semanal
de descanso, pues el tipo continúa hasta que el antitipo lo substituya; así los
sacrificios legales continuaron hasta que el gran sacrificio antitípico
invalidó la ley. Como, pues, el sabatismo celestial antitípico no será sino
hasta cuando venga Cristo, nuestro Josué evangélico, para introducirnos en él,
debe continuar el típico sábado terrenal hasta entonces.” (Comentario Bíblico Jamison-Fausser-Brown, tomo II, pág. 622)
Pero aunque hay una fuerte evidencia de que el
sábado continuaba siendo observado por los primeros cristianos, hay quienes
aseguran que ellos en realidad guardaban el domingo. Para fundamentar esta
postura se utilizan varios textos. Uno de ellos es el siguiente:
“El
primer día de la semana, reunidos los
discípulos para partir el pan, Pablo les
enseñaba, habiendo de salir al día
siguiente; y alargó el discurso hasta la
medianoche.” (Hch. 20:7)
Antes de analizar el texto es necesario
conocer el contexto. Esta reunión se celebró en Troas, donde Pablo permaneció
por siete días (vers. 6). Siendo que los cristianos solían juntarse todos los
días (Hch. 2:46), mas que seguro que se celebraron reuniones en los siete días
en que Pablo estuvo allí. La reunión en el primer día de la semana es la única
relatada debido al milagro que allí sucedió: la resurrección de Eutico (vers. 9
y 10).
Hay quienes aseguran que este reunión en
domingo se realizó porque se estaba
guardando el domingo como el Sabbath cristiano. Sin embargo el contexto no
favorece esta idea. Es mas probable que haya sido una reunión fraternal entre
cristianos para despedir a Pablo, quien se iba al día siguiente:
”El
pasaje no es enteramente convincente, porque la inminente partida del apóstol
pudo haber determinado que la pequeña iglesia se reuniera para una comida
fraternal, en cuya ocasión el apóstol pronunció su último sermón aunque en este
caso no hubiera una celebración especial del domingo”
(Augusto Neander, The History of the Christian Religion and Church, tomo I, pág.
337).
El mismo lenguaje utilizado por Lucas para
relatar esta reunión apoya mas la idea de una reunión fraternal, que de un
culto dominical. Para empezar, se dice que Pablo “les enseñaba” (RV1960) o “les
hablaba” (BJ). El verbo traducido así es “dialegomai” que significa “dialogar”
o “conversar”. Esto es mas propio de un reunión fraternal que de un sermón
dominical.
Sin embargo, algunos interpretan la expresión
“partir el pan” como una evidencia de que se estaba celebrando la Cena del
Señor. Pero esto es erróneo, cada vez que se utiliza esa expresión en el libro
de Hechos, se hace para describir una comida grupal entre cristianos amigos y
nunca la Cena del Señor.
“Y
perseverando unánimes cada día en el templo,
y partiendo el pan en las casas,
comían juntos con alegría y sencillez de corazón,” (Hch. :46)
Lo mismo puede verse en Hechos 20:11 y 27:35.
Otro punto acerca de esta reunión es saber
exactamente cuando sucedió. Es posible que haya sucedió en sábado de noche o el
domingo de noche. El método de cómputo judío definía el comienzo de un día al
anochecer, mientras que el método greco-romano lo definía a medianoche. Lucas
utilizó ambos métodos en el libro de Hechos, por lo que es difícil saber
cual utilizo en esta ocasión. Si utilizo
el método judío, entonces la reunión sucedió un sábado a la noche, pero si uso
el método greco-romano, entonces esta reunión tuvo lugar un domingo a la noche.
Si bien no se puede estar completamente seguro
que método utilizó Lucas, la evidencia se inclina por el método judío, tal como
dice la Biblia Nacar-Colunga comentada por los Profesores de Salamanca:
“Otro
dato interesante es que esa reunión tenía lugar por la' tarde , pues Pablo
“prolongó su discurso hasta la medianoche” (v.7) y , después de partir el pan,
todavía “prosiguió la plática hasta el amanecer” (v.11). No está claro si se
trata de la noche del sábado al domingo o de la del domingo al lunes. Si
contamos a la manera greco-romana, es evidente que se trataría de la noche del
domingo al lunes, pues de una reunión que comenzaba el sábado por la tarde no
podría decirse: “el domingo, estando nosotros reunidos...” (v.7); sin embargo,
es muy posible que San Lucas, acomodándose al cómputo judío, comenzase a contar
el nuevo día, no desde la medianoche, como los griegos o romanos, sino desde la
puesta del sol del día anterior; en cuyo caso, la noche de referencia habrá de
ser la del sábado al domingo. […] Ni es obstáculo contra esta interpretación el
que, como Pablo había de partir “al día siguiente” (v.7)… Y digo que no es
obstáculo, pues ese “al día siguiente” puede muy bien significar, incluso para
un judío, el tiempo siguiente a la noche, prescindiendo de todo método de
computación en los días (cf. 23:31-32).”
Como podemos ver, el argumento de que Hechos
20:7 relata un culto dominical es muy endeble y no soporta un análisis bíblico
exhaustivo.
Otro texto utilizado para fundamentar la idea
de que los primeros cristianos guardaban el domingo se encuentra en la Epístola
a los Corintios:
“En
cuanto a la ofrenda para los santos, haced
vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada
primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo,
para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.” (1 Co. 16:1-2)
Para empezar, la idea de realizar esta colecta
no fue de Pablo, sino de los cristianos de Macedonia y Acaya (Rom. 15:26).
Además el lenguaje indica claramente que no existía ninguna reunión semanal en
domingo en el cual cada uno debía depositar su donativo. Allí se dice: “par’ heauto” que significa literalmente “consigo mismo”. Y da a entender
que la recaudación de la colecta era de forma individual. De ahí que varias
versiones bíblicas traducen correctamente esta frase como “en su propia casa”, por ejemplo la Biblia de Jerusalén, la Reina
Valera 1909, etc.
El Comentario Biblico Jamieson-Fausset-Brown.
Que es protestante y apoya la observancia del domingo, admite que no había una “colecta pública semanal”, sino que cada
uno ponía “aparte privadamente una
proporción determinada de sus haberes semanales para la causa del Señor y para
limosnas”.
Tal vez alguno se pregunte porque se separa de
las ganancias una porción como ofrenda en el día domingo y no en el séptimo
día, si este era observado por los cristianos. Pues muy simple, los judíos
tenían prohibida cualquier clase de actividad comercial en el día Sábado. Así
que tener que hacer un análisis contable de sus ganancias semanales iría en
contra de la observancia del sábado. Por lo tanto, que no se haga esta ofrenda
en el séptimo día y si en el primero es una clara señal de que el domingo no
era observado por los cristianos de Corinto.
Otro texto utilizado para apoyar la idea de
que los cristianos primitivos se encuentra en el Apocalipsis
“Yo
estaba en el Espíritu en el día del Señor,
y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,” (Apo. 1:10)
Si bien los teólogos no se ponen de acuerdo
sobre cual día es llamado “Día del Señor” por Juan, hay muchos que creen que se
está hablando de domingo. Básicamente hay dos argumentos por el cual ellos
dicen que se está hablando del domingo:
·
Porque los cristianos primitivos
solían reunirse en domingo para celebrar la resurrección de Jesucristo.
·
Porque en la literatura cristiana
extra-bíblica se llama al domingo como “el día del Señor”.
Hay un grupo de eruditos que dicen que aquí se
hace referencia al día del juicio. Pero esta interpretación, por la cual el día
del Señor seria escatológico, no tiene ningún fundamento, ya que la expresión
griega “día del Señor” (kuriake hemera) jamás se utiliza para describir el día
del juicio.
Los argumentos para defender al domingo como
el “día del Señor” son muy débiles. En toda la Biblia no hay ni siquiera un
solo versículo que diga que los primeros cristianos celebraban la resurrección
de Cristo en el domingo. Tampoco hay ninguna orden, ni de Jesús ni de los
apóstoles, que ordene guardar o santificar el domingo, ni tampoco hay ningún
registro de que la santidad del séptimo día haya sido transferida al primer día
de la semana.
El segundo argumento es tan débil como el
primero. La Biblia siempre nombra al domingo como “primer día de la semana”, y
nunca como “el día del Señor”. Incluso
Juan, el escritor del Apocalipsis, al mencionar al domingo en su evangelio
dice: “el primer día de la semana”
(Jn. 20:1). Esto es de vital importancia, ya que los teólogos reconocen que el
Evangelio de Juan fue escrito después del Apocalipsis. Por lo que si en este
libro el domingo es llamado “día del Señor”, lo mismo debería esperarse del
Evangelio de Juan. Pero esto no sucede.
La primera vez que el domingo es llamado “día
del Señor” ocurre a fines del siglo II (unos 100 años después de que se
escribió el Apocalipsis) en un libro apócrifo y gnóstico llamado “Evangelio de
Pedro”. Este libro no fue aceptado por la mayoría de los cristianos, sino solo
por algunas sectas gnósticas. Serapion,
Obispo de Antioquia, escribió alrededor del año 200 d.C., en uno de sus libros:
“Nosotros,
hermanos, recibimos a Pedro y a los otros Apóstoles, como a Cristo; pero
rechazamos los escritos que falsamente llevan sus nombres” (The Ante-Nicene
Fathers, Vol. VIII, pág. 775)
Como podemos ver la evidencia a favor de la identificación del “día del Señor”
con el domingo es muy débil.
Pero, ¿hay
evidencia de que el “día del Señor”” sea el Sábado?
Pues
si, porque en griego la expresión “día del señor” es kuriake hemera (κυριακῇ ἡμέρᾳ)
que literalmente significa: “día señorial” y debe interpretarse como “día del
Señor” o, mejor aún, “día perteneciente
al Señor”.
La palabra “hemera” significa día, y es usada en
numerosas ocasiones en la Biblia. La palabra “kuriake” solo aparece en dos
ocasiones en el NT. Además de Apocalipsis 1:10, también aparece en 1 de
Corintios 11:20:
“Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor
(kuriake).”
La expresión “kuriake” proviene de “Kurios” que
significa Señor, Amo o autoridad y, además, era el nombre por el cual se
traducía al griego el nombre hebreo de Dios: Jehová. Kuriake hemera, por lo
tanto, significa “día que pertenece al Señor”. La evidencia histórica apoya
esta interpretación. “Kuriake” aparece en varios documentos seculares antiguos
para referirse a las cosas pertenecientes al emperador de Roma.
La palabra kuriake
también aparece en la escritura extra-biblica cristiana del siglo II para
describir aquello que pertenece a Jesús:
En una de las obras
de Papias (60-130 d.C.) se mencionan las “palabras
del Señor (kuriake)”, haciendo referencias a las enseñanzas de Jesús. Ireneo de Lyon (125-200
d.C.) habla acerca de las “parábolas del
Señor (kuriake)”. Es decir, de las parábolas que tenían a Cristo como su
autor. La expresión “kuriake” siempre hacía referencia a las cosas que le
pertenecían a nuestro Señor Jesús. Por lo tanto, el “Día del Señor” debe ser
aquel día que le pertenece a Cristo en forma especial.
En toda la Biblia hay un solo día que Dios ha
descrito como suyo en forma especial: el Sábado. Jesús confirmo esto diciendo:
“porque el Hijo del Hombre es Señor (Kurios) del
día de reposo.” (Mateo 12:8)
Si bien en
la Biblia en sábado nunca es llamado “día del Señor”, si es llamado “Sábado del
Señor” en la versión griega del Antiguo Testamento (Ex. 16:25; 35:2). Esta
versión, llamada Septuaginta, fue la más utilizada por los apóstoles,
incluyendo Juan, al citar o aludir al Antiguo Testamento en sus escritos.
El Sábado, el Domingo y el Nuevo Pacto.
La muerte y resurrección de Jesucristo dio por
abolido el pacto antiguo y estreno un Nuevo Pacto ente Dios y sus hijos. Muchos
creen que este Nuevo Pacto no incluía el sábado, sino al domingo en su lugar.
Sin embargo no existe ninguna referencia bíblica que compruebe tal cosa. Ni
Jesús ni los apóstoles enseñaron tal cosa. En realidad, la evidencia bíblica
está en contra de tal postura.
Las leyes mosaicas ceremoniales prefiguraban
la obra expiatoria de Cristo. Por ejemplo, el sacrificio de los corderos para
redención de los pecados era un símbolo de la crucifixión del “Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo” (Jn. 1:29). Cuando el símbolo se encuentra con la realidad que simboliza,
deja de tener vigencia. Por eso, luego de la crucifixión de Cristo, los
sacrificios de corderos dejaron de ser aceptados por Dios. Pablo explicó esto
de una manera muy simple diciendo: “porque
el fin de la ley es Cristo,” (Rom. 10:4), es decir, que con Jesús las leyes
ceremoniales terminan porque su objetivo era señalar a Cristo.
Pero
aunque las leyes ceremoniales tuvieron su final con Cristo, no sucedió lo mismo
con las leyes morales. Esto se debe a que estas leyes son una expresión de la voluntad
de Dios para con su pueblo, es decir, muestran lo que Dios quiere que sus hijos
hagan. Una clara evidencia de que las leyes morales –incluyendo el
Decálogo- continuaron vigentes luego del
Calvario es que Pablo mismo ordena su cumplimiento:
“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;
para que te vaya bien, y seas de larga
vida sobre la tierra.” (Efe. 6:1-3)
En este texto Pablo le ordena a los efesios
que cumplan con el quinto mandamiento del Decálogo, aunque ellos no eran
cristianos judíos, sino cristianos gentiles (Efe. 2:11-12; 3:1; 4:17). Además
de este mandamiento, Pablo ordena el cumplimiento de otros de los Diez
Mandamientos en sus escritos (Efe. 4:25, 28; Rom. 7:8; 13:9). El Apóstol
Santiago (también llamado Jacobo) fue mas allá y declaró que seriamos juzgados
ante Dios por los mandamientos del Decálogo (Stg. 2:10-12).
En vista de esas evidencias bíblicas podemos
ver que los Diez Mandamientos, entre los cuales está la observancia del sábado,
eran considerados como vigentes en el Nuevo Testamento, cuando los cristianos
estaban bajo el Nuevo Pacto. Eso es confirmado también por lo dicho en el
Epístola a los Hebreos:
“Porque
reprendiéndolos dice: He aquí vienen días,
dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de
Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé de la mano para sacarlos
de la tierra de Egipto; Porque ellos no
permanecieron en mi pacto, Y yo me
desentendí de ellos, dice el Señor. Por
lo cual, este es el pacto que haré con
la casa de Israel Después de aquellos
días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de
ellos, Y sobre su corazón las escribiré;
Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; Y ninguno
enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su
hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos.
Porque seré propicio a sus injusticias,
Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Al decir: Nuevo
pacto, ha dado por viejo al
primero; y lo que se da por viejo y se
envejece, está próximo a desaparecer.” (Heb. 8:8-13)
Este texto bíblico nos dice que el Pacto que
Dios hizo con el pueblo de Israel esta obsoleto. Hay un nuevo Pacto que Dios ha
hecho con sus hijos. Y en este Nuevo Pacto Dios pondrá sus leyes en las mentes
de sus hijos y las escribirá en sus corazones. Es interesante notar que en
ningún lugar Dios dice: “escribiré mis nuevas leyes en sus mentes”, sino
simplemente “mis leyes”. Y Dios
tampoco dice “escribiré mis leyes, excepto el mandamiento del sábado, en sus
mentes”, ni tampoco “escribiré mis leyes, excepto al sábado que cambiare al
domingo, en sus mentes”. Por lo tanto, es obvio que el Nuevo Pacto cuenta con
las mismas leyes que el antiguo, excepto, por supuesto, las leyes ceremoniales.
Para apoyar la idea de que el Sábado o el
Decálogo no están incluidos en el Nuevo Pacto se utilizan ciertos versículos
bíblicos. Uno de estos se encuentra en la Epístola a los Gálatas:
“Guardáis
los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de
vosotros, que haya trabajado en vano con
vosotros.” (Gal. 4:10-11)
Sin embargo es suficiente con leer los
versículos anteriores a este texto bíblico para darse cuenta de que Pablo no
estaba hablando de la observancia del sábado.
“Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son
dioses; mas ahora, conociendo a
Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los
débiles y pobres rudimentos, a los
cuales os queréis volver a esclavizar?” (Gal. 4:8-9)
Pablo les está recriminando a los gálatas que
estaban regresando a sus costumbres paganas. Él les dice que ahora que conocen
al Dios verdadero no pueden regresar a los “débiles
y pobres rudimentos” que solían
tener cuando no conocían a Dios, sino que adoraban a dioses paganos. Estos
rudimentos que menciona Pablo son el guardar los “días, los meses,
los tiempos y los años”. Es decir, que el texto no Gálatas 4:10 no
se relaciona con la observancia del sábado, sino con las festividades paganas.
Otro texto utilizado incorrectamente para
apoyar la idea de que el Decálogo, junto con el Sábado, no pertenece al Nuevo
Pacto se encuentra en la Epístola a los Hebreos:
“Porque
cambiado el sacerdocio, necesario es que
haya también cambio de ley. Queda,
pues, abrogado el mandamiento
anterior a causa de su debilidad e ineficacia” (Heb.
7:12, 18)
Pero, al igual que con el texto bíblico de
gálatas, al leer el contexto podemos determinar fácilmente que aquí no se está
mencionando ni al Decálogo ni al Sábado:
“Y aquel
de quien se dice esto, es de otra
tribu, de la cual nadie sirvió al altar.
Porque
manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al
sacerdocio. Y esto es aun más manifiesto,
si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, no
constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida
indestructible.” (Heb. 7:13-16)
Aquí se dice que los sacerdotes judíos ya no
pueden interceder por nosotros ante Dios, sino que Jesucristo, nuestro nuevo
Sumo Sacerdote es quien intercede por nosotros ante Dios (Heb. 7:25-26). Pero
en la religión hebrea solo los descendientes de Levi podían ser sacerdotes
(Num. 3:6-7) y solo los descendientes de Aarón podían ser sumos sacerdotes
(Num. 16:40). Pero Jesús era de la tribu de Judá, la cual no podía desempeñar
el sacerdocio. Pero dado que Jesús es nuestro sumo Sacerdote, entonces esa “ley del mandamiento acerca de la
descendencia” ha sido abolida.
En resumen, podemos ver que estos textos de
Hebreos no hablan del Decálogo o el Sábado, sino de la ley de descendencia que
solo permitía a los descendientes de Levi ser sacerdotes.
Como podemos ver hasta ahora, los textos
utilizados generalmente para apoyar la idea de que la observancia del Sábado,
junto con el Decálogo, esta abolida, son solo versículos malinterpretados y
aislados de su contexto. Lo mismo sucede con otros versículos tergiversados
para apoyar la idea anti-bíblica de que la observancia del séptimo día ya no
está vigente:
“Uno
hace diferencia entre día y día; otro
juzga iguales todos los días. Cada uno
esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come,
para el Señor come, porque da
gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.” (Rom. 14:5-6)
Lo primero que debemos notar es que en ningún
lugar se menciona al sábado. Y el contexto tampoco trata sobre el día de
adoración. Aquí el tema de días especiales y comidas esta intrínsecamente
relacionado. Los “débiles en la fe”
(vers. 1) no consumían carnes, sino solo verduras (vers. 2 y 21) y creían que
habían días especiales sobre otros (vers. 5). Esta postura era cuestión de “opiniones” y no sobre doctrina (vers.
1). Esto descarta que se esté hablando de los mandamientos de Dios, y hace
mucho mas realista la idea de que se esté hablando de días de ayuno, como los
que los judíos tenían (Lc. 18:12) y otros festividades judías basadas en la
tradición. Ver aquí una alusión a la observancia del Sábado va contra el
contexto y la lógica:
“El
sábado era más antiguo que el judaísmo; y aun bajo el judaísmo, estaba
incrustado entre las eternas santidades del Decálogo; y fué pronunciado, como
ninguna otra parte del judaísmo, ante el temor reverente del pueblo en el
Sinaí; y si el Legislador mismo dijo de él cuando en la tierra estaba: “El Hijo
del hombre es Señor aun del sábado”. Será difícil probar que el apóstol hubiese
querido decir que sus lectores debieran catalogarlo entre los fenecidos días
festivos judaicos, tocante a los cuales sólo los más débiles podían imaginarse
que estaban aún en vigor—debilidad que los que más luz tenían debían tolerar
por amor” (Comentario Bíblico Jamieson-Fausset-Brown.
Tomo II, pág. 345)
Otro de los textos utilizados con frecuencia
para intentar apoyar la idea de que el séptimo día ya no debe ser guardado como
parte del Nuevo Pacto es el siguiente:
“Por
tanto, nadie os juzgue en comida o en
bebida, o en cuanto a días de
fiesta, luna nueva o días de reposo,
todo lo cual es sombra de lo que ha de venir;
pero el cuerpo es de Cristo.” (Col. 2:16-17)
Esta declaración se encuentra contextualizada
por una reprensión que Pablo les hace a los colosenses. La iglesia de Colosas
había sido invadida por falsos maestros que intentaban imponer doctrinas
extrañas, como el culto a los ángeles (Col. 2:18), la autoflagelación (Col.
2:23), etc. Pablo les advirtió a los colosenses que no debían dejar que estos
maestros los obligaran a cumplir preceptos humanos (“nadie os juzgue”) y
tradiciones (vers. 22). Entre estas cosas que los maestros intentaban imponer y
que los colosenses no debían permitir estaban las prohibiciones de algunas
comidas y bebidas (Col. 2:16, 21) y la observancia de días festivos, lunas
nuevas y sábados (Col. 2:16).
Sin embargo no está claro a que sábados se
está refiriendo Pablo. Esto se debe a que dentro del judaísmo había varios
tipos de sábados:
·
Las fiestas judías anuales
llamadas sábados (Lev. 16:31; 23:32, 37-39).
·
El Sábado semanal.
Hay una forma muy simple de saber a cuál de
los dos tipos de sábados se está refiriendo Pablo. Él dice que estos sábados
son “una sombra de lo que ha de venir”
(Col. 2:17). Los sábados anuales era literalmente figuras del ministerio de
Cristo y su obra futura, pero el sábado semanal era un recordatorio de la
creación (Ex. 20:11). Por lo que Pablo estaba hablando de los sábados anuales,
que eran símbolos de lo futuro, y no del sábado semanal, que es un memorial de
un suceso pasado.
Conclusión
La Biblia nos dice que ya en la creación Dios
separo un día especial para que el hombre se lo dedique a El, y a la vez para
que éste se beneficie del descanso físico y mental. Este día es el séptimo de
la semana, el Sábado. Jesús y los apóstoles guardaron el sábado y jamás dijeron
ni una sola palabra en contra de la observancia del sábado o de su sustitución
por el domingo. Ellos creían que el Decálogo, tal como existía en el AT,
continuaba vigente en el Nuevo Pacto. Toda la Biblia apunta a una sola
dirección: la observancia del sábado y no del domingo.
sábado, 9 de febrero de 2013
Clifford Goldstein - El dia del Dragon
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