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Esperanza

jueves, 23 de mayo de 2013

Manual de Iglesia 2010

Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Manual de Iglesia
18° Revisión
EDICIÓN 2010

Asociación Casa Editora Sudamericana
Av. San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste
Buenos Aires, República Argentina

Título original: Seventh-day Adventist Church Manual, Asociación de la
IASD, Silver Spring, Maryland, EE.UU. de N.A., 2010
Dirección: Marcos Blanco
Traducción: Roberto Gullón
Diseño del Interior: Judith Kaiser de Romero
Ilustración de la tapa: DSA


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¿Es la Iglesia Católica la Iglesia verdadera?



Introducción
La Iglesia Católica es la religión cristiana con más miembros nominales que existe. Para probar su veracidad, la Iglesia Romana sostiene varios argumentos que, supuestamente, demuestran que es la única iglesia verdadera sobre la tierra. Estos argumentos son:
- San Pedro es la “roca” sobre la cual la iglesia cristiana está fundada.
- San Pedro fue el líder de la iglesia cristiana primitiva.
 - San Pedro fue el primer Obispo de Roma. Dicho obispado era, desde su comienzo, superior a todos los demás.
 - La sucesión apostólica -que ha sido dirigida por el Espíritu Santo, haciéndola continua- le ha permitido a los sucesivos obispo de  Roma heredar las funciones y prerrogativas que San Pedro tenia.
- La Iglesia Católica ha heredado la doctrina cristiana primitiva, que ha sido mantenida en forma constante y armoniosa por los sucesivos obispos romanos.
Estos seis argumentos son utilizados por el Papado para sustentar su autoridad y también la veracidad del Catolicismo. A continuación analizaremos estas evidencias -mediante las Sagradas Escrituras, la Tradición Cristiana y la Historia Eclesiástica- para determinar su veracidad.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Loron Wade - Los Diez Mandamientos


Lo invito a repasar conmigo los grandes principios expresados en los Diez Mandamientos. Al hacerlo usted notará cómo la solución propuesta hace tantos siglos en la Sagrada Biblia satisface las urgentes necesidades de nuestro tiempo.
Los Diez Mandamientos son un caudal de soluciones. Son principios que tienen una aplicación razonable en la vida diaria de cada uno. Y en su aplicación está su comprobación, porque los resultados positivos no se hacen esperar. Son inmediatos y sumamente satisfactorios. 



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¿Apoyaba Ignacio de Antioquia la observancia del domingo?



Introducción
Ignacio de Antioquia es citado frecuentemente para probar la observancia del domingo entre los primeros cristianos. Este obispo cristiano del siglo II escribió siete cartas, alrededor del año 117 d.C. En una de estas epístolas existe un polémico pasaje que es utilizado como evidencia de la observancia del domingo en la cristiandad primitiva.

miércoles, 13 de febrero de 2013

La Trinidad (e-Book)


Entre los adventistas del séptimo día es frecuente que la doctrina de la Trinidad tenga aceptación. Pero últimamente ha recibido gran oposición por parte de una minoría que se ha retrotraído a la posición antitrinitaria de los pioneros. Como respuesta, los autores, cada uno un especialista en su esfera de actividad, analizan la doctrina de la Trinidad desde distintos ángulos.

La primera sección repasa los fundamentos bíblicos de la doctrina y toma en cuenta las objeciones que han surgido. Otras secciones trazan el desarrollo de la doctrina en la iglesia cristiana, en la historia del adventismo y en los escritos de Elena de White. Los autores explican por qué la doctrina fue resistida por muchos de los pioneros líderes.

La sección final pregunta: “¿Y ahora qué?” Allí se discute las deducciones teológicas y prácticas de la creencia, adoración y práctica trinitaria, y muestra cómo lo que creemos afecta nuestra salvación, expiación, el gran conflicto y otras doctrinas significativas. Con glosario, bibliografía e índices, este exhaustivo manual básico acerca de la Trinidad arrojará nueva luz sobre la creencia central del cristianismo, y mostrará cómo Dios aún conduce a su iglesia a toda verdad.

martes, 12 de febrero de 2013

¿Deben los cristianos guardar el sábado o el domingo? Parte I: Lo que la Biblia nos dice.



Introducción
La gran mayoría de las iglesias cristianas de hoy en día guardan el domingo como el día de reposo bíblico, o al menos se congregan en tal día. Esto contradice el mandamiento bíblico que dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás,  y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios” (Ex. 20:8-10).
Mientras que la Biblia ordena guardar el séptimo día, el sábado, como el día de reposo para Dios, la mayoría de las iglesias guardan el domingo. ¿Cuál es el día correcto para observar?

¿Qué nos dice el Antiguo Testamento acerca del Sábado?
La palabra Sábado viene del hebreo Shabbath שׁבת   Que significa “reposo”, “descanso” o “cese”. La primera vez que aparece esta palabra es en Génesis 2:
“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo;  y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo,  y lo santificó,  porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.” (Gn. 2:2-3)
Aquí es cuando la observancia del día de reposo comienza. Esto puede probarse al analizar las acciones de Dios.
Dios reposó en el séptimo día. Sin embargo Él no tenía necesidad de hacerlo, ya que no se cansa ni se fatiga (Isa. 40:28). Lo hizo para darnos un ejemplo a seguir a nosotros:
“…[Dios] reposó el día séptimo, no para reposar de agotamiento por el trabajo, mas cesó de trabajar, dando un ejemplo, que equivale a un mandato, para que nosotros también suspendamos toda clase de trabajos. […] La institución del sábado es tan vieja como la creación, dando origen a la división semanal del tiempo, la que prevaleció en las épocas más remotas. Es una ley sabia y benéfica, pues proporciona aquel intervalo regular de descanso que requiere la naturaleza física del hombre y de los animales empleados en su servicio, y la inobservancia del mismo trae en ambos casos una decadencia prematura. Además, si el descanso fué necesario en el estado de la inocencia primitiva, ¡cuánto más ahora, cuando el hombre se inclina a olvidar a Dios y sus demandas!” (Comentario Biblia Jamieson-Fausset-Brown, tomo I, pág. 21)
Dios nos ha dado un día especial: el sábado, para descansar de nuestras labores físicas y conseguir descanso mental y espiritual. Un día en que nos olvidamos del mundo y nos acercamos a Dios en forma exclusiva.
Dios bendijo y santificó el séptimo día. A diferencia de los demás días, el séptimo día fue bendecido y santificado. Esto significa que, a diferencia de los demás días, éste seria especial y distinto. El sábado fue creado para beneficio del hombre (Mar. 2:27), ya que podría descansar de sus trabajos y dedicarse exclusivamente a Dios y su prójimo.
El séptimo día también fue santificado. El verbo utilizado fue qadash que tiene un significado muy especial, tal como lo dice el Diccionario Expositivo Vine de Palabras del Antiguo Testamento:
“La raíz principal de este verbo denota un acto o estado por el cual personas o cosas se apartan para el culto a Dios”
El séptimo día, por lo tanto, quedo de allí en adelante apartado del resto de los días: queda separado para Dios. Esto significa que la observancia del séptimo día de la semana como Sábado tuvo su origen ya en el comienzo de la historia, aun antes de la entrada del pecado. Si bien hay quienes creen que el Sábado fue establecido recién en el Monte Sinaí con la entrega de las tablas de piedra con el Decálogo a los israelitas, el texto de Génesis 2:2-3 es una clara evidencia de lo contrario. La observancia del Sábado ya comenzó en la creación:
“Nótese al comienzo mismo del reino de gracia, la santificación o la observancia sagrada del día de reposo. […] En este momento, nadie de la raza humana tenía ser sino nuestros primeros padres. Para ellos fue instituido el día de reposo y, es claro, también para todas las generaciones sucesivas.” (Comentario bíblico de Matthew-Henry en un tomo, pág. 6)

La Biblia no dice explícitamente que después de la creación se guardo el Sábado. Sin embargo tampoco se dice que no se guardo. Sin embargo, dado que los patriarcas conocían la semana de siete días (Gn. 7:4; 8:10, 12; 19:18, 27-28; 31:23; 50:10) y tenían leyes dadas por Dios (Gn. 26:5), se puede decir que es muy probable que si hallan guardado el Sábado.
Hay un evento sucedido al pueblo de Israel que apoya fuertemente la idea de que la observancia del Sábado es anterior al Monte Sinaí. En el capítulo 16 de Éxodo se relata como Dios les da mana a los israelitas para saciar su hambre. Moisés le anuncio al pueblo de Israel que Dios les daría “pan”. Cada mañana debían recoger lo que iban a consumir, mas el sexto día (el viernes) debían recoger una doble porción.
Cuando llego el viernes, Moisés les dijo a los israelitas:
“Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo,  el reposo consagrado a Jehová;  lo que habéis de cocer,  cocedlo hoy,  y lo que habéis de cocinar,  cocinadlo;  y todo lo que os sobrare,  guardadlo para mañana.
Y ellos lo guardaron hasta la mañana,  según lo que Moisés había mandado,  y no se agusanó,  ni hedió.
Y dijo Moisés: Comedlo hoy,  porque hoy es día de reposo para Jehová;  hoy no hallaréis en el campo. Seis días lo recogeréis;  mas el séptimo día es día de reposo;  en él no se hallará.” (Ex. 16:23-26)
Es importante notar que Moisés le hablo a Israel del séptimo día como día de reposo antes de llegar al Monte Sinaí. Él no les explico a los israelitas cual era el origen del sábado, su función o como debía observarse, sino que supone que los israelitas ya lo conocían. La Biblia Nacar-Colunga comentada por los Profesores de Salamanca dice lo siguiente:
“Moisés mandó recoger doble ración de maná el día sexto, porque “mañana es sábado, día de reposo, consagrado a Yahvé.” Y no se dan explicaciones sobre su origen, sino que se da como aceptado y conocido de los israelitas. Parece, pues, una costumbre antigua, en vigor entre los israelitas”
Es correcto suponer que los israelitas conocían la noción del descanso sabático en el séptimo día de la semana, aunque muy probablemente el tiempo que habían pasado en Egipto como esclavos hizo que perdieran parcialmente ese conocimiento. Motivo por el cual Dios debió recalcárselos nuevamente en el Monte Horeb, al entregarles los Diez Mandamientos.

Cuando Dios escribió con su propio dedo los Diez Mandamientos en tablas de piedra, se tomo mas tiempo con el Cuarto Mandamiento que con los demás. Esto se debe a que es el mandamiento mas extenso de los diez:
“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás,  y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios;  no hagas en él obra alguna,  tú,  ni tu hijo,  ni tu hija,  ni tu siervo,  ni tu criada,  ni tu bestia,  ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra,  el mar,  y todas las cosas que en ellos hay,  y reposó en el séptimo día;  por tanto,  Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” (Ex. 20:8-11)
El Cuarto Mandamiento comienza con la palabra “acuérdate”. Esto es una evidencia mas de que existía antes del Sinaí:
“La forma del cuarto mandamiento, “Acuérdate”, demuestra que aquí no es la primera vez que se da, sino que era conocido antes por el pueblo.” (Comentario bíblico de Matthew-Henry en un tomo, pág. 88)
La expresión “acuérdate” también es una advertencia divina para evitar olvidarnos del día mas importante de la semana. El sábado es el día en el cual nosotros, nuestros empleados y herramientas de trabajo cesan por completo de su labor. Nuestro cuerpo descansa y nuestra mente y espíritu se concentran completamente en nuestro Dios y Creador.
El sábado también cumple otra función: la de recordarnos que Dios nos creó. Por lo tanto el séptimo día es un memorial de la creación. Sin embargo resulta muy extraño creer que la observancia del día de reposo comenzó a existir a partir del Sinaí si es un recordatorio de la creación. Todos los memoriales que aparecen en la Biblia fueron dados inmediatamente después del evento que deben recordar.
Por ejemplo: El arcoíris fue dado inmediatamente después de que el diluvio terminada (Gn. 9:9-17). Lo mismo sucedió con la pascua (Ex. 12:1-27), la Cena del Señor (Mat. 26:26-28), etc.
¿Por qué Dios espero más de 2.500 años para crear un memorial de la creación? La única forma de responder esta pregunta es aceptar, tal como la evidencia bíblica indica, que la observancia de Sábado comenzó en el Edén, y no en el Sinaí.

Luego de que la observancia del séptimo día de la semana como el Día de Reposo dedicado a Dios fuera reafirmada en el Sinaí, se convirtió en una señal entre Dios y su pueblo. Mientras que otras naciones tenían leyes que prohibían robar, mentir, matar, etc., al igual que los israelitas, ningún pueblo en la Antigüedad guardaba el Sábado. La observancia del séptimo día era la señal que distinguía a los verdaderos hijos de Dios en la tierra:
“Habló además Jehová a Moisés,  diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel,  diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo;  porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones,  para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico.” (Ex. 31:12-13)
Siendo que el Sábado es un memorial de la creación, y Dios siempre permanecerá como nuestro creador, la observancia del séptimo día se concierte en un memorial perpetuo:
“Guardarán,  pues,  el día de reposo los hijos de Israel,  celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel;  porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra,  y en el séptimo día cesó y reposó.” (Ex. 31:16-17)
Esta designación del sábado como un señal perpetua entre Dios y sus hijos fue repetida por los profetas (Eze. 20:12, 20). En realidad los profetas y líderes del  pueblo de Israel se esmeraron en mantener la observancia del Sábado y evitar su abandono (Eze. 20:13; 22:8; 23:38; Neh. 13:17-18). Una de las principales razones por las cuales el pueblo de Judá fue llevado al cautiverio fue dejar de observar el Sábado (Jer. 17:19-29).
Pero los profetas, además de recalcar la importancia de la observancia del séptimo día, fue anunciar la universalidad del Sábado.
“Bienaventurado el hombre que hace esto,  y el hijo de hombre que lo abraza;  que guarda el día de reposo para no profanarlo,  y que guarda su mano de hacer todo mal. Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará totalmente Jehová de su pueblo.  Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de reposo,  y escojan lo que yo quiero,  y abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros,  y nombre mejor que el de hijos e hijas;  nombre perpetuo les daré,  que nunca perecerá.
Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle,  y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos;  a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo,  y abracen mi pacto, yo los llevaré a mi santo monte,  y los recrearé en mi casa de oración;  sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar;  porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.” (Isa. 56:2-7)
A partir de esta declaración podemos afirmar sin lugar a dudas que el Sábado no fue creado para los judíos. Todas las personas, sin importar su condición o nacionalidad, puede acercarse a Dios, aceptar sus leyes y hacerse merecedor de sus bendiciones.


Jesús y el Sábado.
Nuestro Señor Jesucristo nació bajo la ley judía, por lo tanto debía obedecérsela fielmente (Gal. 4:4). Durante toda su vida Jesús obedeció toda la ley, incluyendo el sábado, en forma perfecta, de modo que nunca pecó (Heb. 4:15). 
Jesús acostumbraba a observar el sábado y asistir a la sinagoga, tal como lo asegura la Biblia:
“Vino a Nazaret,  donde se había criado;  y en el día de reposo entró en la sinagoga,  conforme a su costumbre,  y se levantó a leer.” (Luc. 4:16)
Sin embargo, algo que Cristo nunca hizo, fue seguir las costumbres de los fariseos respecto del sábado. Ellos tenían decenas de reglas y prohibiciones respecto del día de reposo. Ellos habían convertido ese día en una carga, en vez de la bendición que debía ser. Jesús corrigió a los rabinos de su tiempo diciendo:
“El día de reposo fue hecho por causa del hombre,  y no el hombre por causa del día de reposo.” (Mar. 2:27)
En vez de convertir al Sábado en una carga llena de prohibiciones, como hacían los los fariseos, Jesús utilizaba el séptimo día para asistir a sinagogas a enseñar (Mar. 1:21; Luc. 13:10), sanar enfermos (Mar. 1:21-31; 3:1-5; Luc. 13:10-17; 14:1-4; Jn. 5:1-15; 9:1-7) y dedicarles tiempo a sus discípulos (Mar. 1:29-31; 2:23). Muchas de las actividades que Cristo realizaba en el séptimo día iban en contra de las tradiciones judías (aunque no contra la ley divina). Por esto los fariseos lo acusaron de quebrantar el día de reposo (Jn. 5:18). Sin embargo esta acusación es completamente falsa. Como Jesús nació bajo la ley, debía guardar el sábado fielmente o habría estado pecando y la Biblia es bien clara al decir que Cristo fue perfecto y sin pecado. Por lo tanto es claro que Él nunca quebrantó el sábado.
Sin embargo, aunque Jesús nunca infringió el día Sábado, hay ciertas declaraciones suyas que son consideradas por algunos como pruebas de que el Sábado fue abolido por Él
“Por tanto,  el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.” (Mar. 2:28)
Los rabinos judíos habían convertido al Sábado en un carga mediante sus prohibiciones y reglamentos. De modo que el hombre debía vivir durante el día de reposo para cumplir cada regla y tradición. Jesús declaró que Dios era el creador del Sábado, por lo tanto es el único que puede definir que está permitido y prohibido durante ese día. Cristo, como Hijo de Dios, tenía autoridad sobre el día de reposo, ya que le pertenece a Él.
Pero el señorío y pertenencia que Cristo tiene del día de reposo no son para abolirlo, ya que en el versículo anterior Él dijo que el Sábado es para beneficio del hombre. La autoridad de Jesús sobre el Sábado es para restaurar su verdadero significado de bendición y beneficio para el hombre, y despojarlo de las tradiciones humanas que oscurecen la importancia del séptimo día:
“¿En qué sentido, pues, es el Hijo del hombre Señor del día sabático? Seguramente no para abolirlo, pues éste sería un extraño señorío, especialmente después de haber dicho que fué instituído para el hombre, sino para poseerlo, interpretarlo, presidir sobre él y ennoblecerlo,” (Comentario Biblico Jamieson-Fausset-Brown, Tomo II, pág. 57)

Cuando los fariseos vieron los milagros de sanación que Jesús realizaba en el día sábado lo atacaron, ya que esas actividades iban en contra de sus tradiciones. Para defenderse de las acusaciones Jesús declaro:
“Mi Padre hasta ahora trabaja,  y yo trabajo.” (Jn. 5:17)
Aunque Dios descanso el séptimo día, Él no se detuvo en su labor de mantener el universo en orden. Nuestro Padre Celestial no se detiene los sábados en su tarea de ayudarnos y redimirnos, por lo que Jesús tampoco. Cristo solía sanar personas y liberarlas de la esclavitud de la enfermedad y el pecado en Sábado. Hacer esto no iba en contra de las leyes divinas, sino que estaba de acuerdo con la actitud de Dios respecto del Sábado. Dios está siempre obrando por la salvación del hombre, por lo no había nada de incorrecto en que el Hijo de Dios obrara en Sábado para salvar y sanar personas.
Al pronunciar estas palabras, Jesús no estaba dándonos permiso para abolir el sábado, sino para abandonar las tradiciones humanas que nos impiden ayudar a nuestro prójimo en el día de reposo. En realidad Cristo fue muy claro durante su ministerio terrenal al decir que Él no vino a abolir las leyes divinas, sino a aclarar su significado:
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas;  no he venido para abrogar,  sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra,  ni una jota ni una tilde pasará  de la ley,  hasta que todo se haya cumplido.
De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños,  y así enseñe a los hombres,  muy pequeño será llamado en el reino de los cielos;  mas cualquiera que los haga y los enseñe,  éste será llamado grande en el reino de los cielos” (Mat. 5:17-19)
Hay quienes dicen que Cristo no vino a abolir las leyes de Dios, sino a cumplirlas; pero que al cumplirlas las abolió. Esto convertiría en absurda la declaración de Jesús e iría en contra del contexto.
Jesús dijo claramente que El no vino a abolir las leyes divinas, sino a cumplirlas. Esto significaba que el obedecería fielmente la Ley de Moisés y, al mismo tiempo, cumpliría con las profecías mesiánicas y las prefiguraciones ceremoniales referentes al sacrificio expiatorio del Mesías.
El versículo 18 es claro al decir que las leyes que Dios les dio a sus hijos no pasaran, ni seran abolidas de ninguna manera, sino “hasta que todo se haya cumplido”. Es importante notar que allí no se dice “hasta que yo (Jesús) lo haya cumplido todo” sino “hasta que todo se haya cumplido”.  Que Cristo cumpliera perfectamente con la Ley no la anula, pues “es más fácil que pasen el cielo y la tierra,  que se frustre una tilde de la ley” (Luc. 16:17).
Jesús termina diciendo que cualquiera que infrinja las leyes de Dios y enseñe a hacerlo, será llamado “pequeño” en el Reino de los Cielo. Si Jesús hubiera enseñado a infringir el sábado, entonces –según sus propias palabras- debería ser llamado “pequeño en el reino de los cielos”. ¡Esto es algo absolutamente ridículo e incluso blasfemo! Cristo nunca pronuncio ni siquiera una sola palabra contra la observancia del Sábado. Al contrario, Él le predico a una multitud unos pocos días antes de su crucifixión diciendo:
“En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que,  todo lo que os digan que guardéis,  guardadlo y hacedlo;  mas no hagáis conforme a sus obras,  porque dicen,  y no hacen.” (Mat. 23:2-3)
Jesús les dijo a sus seguidores y discípulos (vers. 1) que debían seguir las enseñanzas de los escribas y fariseos -esto incluye la observancia del Sábado-, pero no seguir sus ejemplos. Los rabinos judíos seguían muchas tradiciones humanas y se olvidaban del verdadero significado de las leyes. Los seguidores de Cristo debían seguir las enseñanzas de los rabinos, pero no sus tradiciones humanas.

Jesús y el domingo
El domingo es mencionado 6 veces en los evangelios relacionado con Jesús. Sin embargo nunca se dice que Cristo haya observado el domingo o haya ordenado guardarlo. Tampoco los apóstoles dieron un mandato similar a ese.
De las menciones del domingo realizadas en los evangelios cuatro son referidas a la resurrección (Mat. 28:1; Mar. 16:2; Luc. 24:1; Jn. 24:1). En ninguno de estos versículos se dice que Jesús o sus discípulos transfirieran el sábado del séptimo día de la semana al primero. Tampoco se dice que Jesús o los apóstoles comenzaran a observar el domingo u enseñarían a hacerlo. La Biblia guarda un completo silencio al respecto.
Sin embargo hay dos versículos que suelen ser usados para probar la observancia del domingo por parte de los discípulos de Jesús:
“Cuando llegó la noche de aquel mismo día,  el primero de la semana,  estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos,  vino Jesús,  y puesto en medio,  les dijo:  Paz a vosotros.” (Jn. 20:19)
Hay quienes creen que los discípulos estaban reunidos en el primer día de la semana (domingo) para guardar ese día. Sin embargo, el motivo de esa “reunión” es muy clara: “estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos”. Los apóstoles están juntos para esconderse de los judíos, no estaban observando el domino ni tampoco realizando algún culto. Es mas, es probable que la mayoría todavía no había creído en la resurrección de Jesús (Luc. 24:11).
Otro versículo utilizado para apoyar la observancia del domingo es el siguiente:
“Ocho días después,  estaban otra vez sus discípulos dentro,  y con ellos Tomás.  Llegó Jesús,  estando las puertas cerradas,  y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.” (Jn. 20:26)
Ocho días después de lo sucedido en el versículo presentado primero, es decir al siguiente domingo (según el computo inclusivo) Jesús volvió a aparecerse ante los discípulos reunidos.
La razón por la cual los discípulos reunidos es desconocida, pero probablemente seguían temerosos de los judíos. La razón por la cual Jesús se apareció en domingo fue porque ese día Tomas estaba presente. Este discípulo estuvo ausente en la primera aparición de Cristo y se negaba a creer en la resurrección (vers. 24 y 25). Jesús aprovecho que Tomas estaba presente junto con los demás apóstoles para darle pruebas contundentes de su resurrección.
Es significativo que en ninguno de los evangelios se mencione al domingo en forma especial, no se lo llama “Sabbath” o “Sabbaton” (Sábado en griego), tampoco se ordena su observancia ni se registra de ningún caso en que haya sido guardado. Ni los apóstoles ni Cristo jamás transfirieron la santidad del séptimo día al primero. Ningún cambio en lo que respecta al día de adoración se registra en los evangelios.
Jesús tuvo varias oportunidades en la que podría haberles hablado a sus discípulos sobre el domingo. Pero siempre guardo silencio al respecto.
El día antes de la crucifixión Cristo reemplazo la celebración de la Pascua con la Cena del Señor (Mat. 26:26-28). Bien podría haber aprovechado la oportunidad para reemplazar el sábado con el domingo, pero no hay registro bíblico de que lo hiciera. Y si hubiera querido debería haberlo hecho antes de su muerte, porque con ella sellaba el Nuevo Pacto:
“Porque donde hay testamento,  es necesario que intervenga muerte del testador.
Porque el testamento con la muerte se confirma;  pues no es válido entre tanto que el testador vive” (Heb. 9:16-17)
Solo a partir de la muerte de Cristo el Nuevo Pacto entró en vigencia, y una vez que comenzó a regir, no puede ser modificado:
“Hermanos,  hablo en términos humanos: Un pacto,  aunque sea de hombre,  una vez ratificado,  nadie lo invalida,  ni le añade.” (Gal. 3:15)
Siendo que no hay ninguna mención del domingo antes de la crucifixión de Cristo, es obvio que este día no tiene ningún tipo de importancia en el Nuevo Pacto. Lo cual es confirmado por la conducta de las seguidoras mas cercanas de Jesús:
“Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea,  siguieron también,  y vieron el sepulcro,  y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas,  prepararon especias aromáticas y ungüentos;  y descansaron el día de reposo,  conforme al mandamiento” (Luc. 23:55-56)
Las mujeres que seguían a Jesús no conocían la observancia del domingo. Ellas, aun después de la crucifixión, descansaron en el séptimo día de la semana: el Sábado.

El Sábado y el domingo en el Nuevo Testamento
Al igual que las mujeres seguidoras de Jesús, que guardaron el sábado aun después de la crucifixión, los discípulos continuaron haciéndolo. Pablo, por ejemplo, aunque era conocido como “el Apóstol de los Gentiles”, solía dedicar los sábados a la predicar el evangelio y asistir a las sinagogas o lugares de adoración (Hch. 13:14, 42-44; 16:13; 17:2; 18:4).
Si bien hay quienes dicen que el Sábado no fue observado sino que fue abolido con el Nuevo Pacto, no hay evidencias de tal cosa en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, los judíos tenían dos grandes costumbres: la circuncisión y la observancia del séptimo día. Cuando los discípulos abandonaron la circuncisión hubo una feroz contienda, ya que muchos judíos convertidos deseaban seguir con las costumbres judías. Esto llevo a realizar el primer concilio cristiano: el Concilio de Jerusalén (Hch. 15).
Durante el Concilio de Jerusalén hubo un fuerte debate entre los judaizantes, que abogaban en mantener la circuncisión (Hch. 15:1, 5), con los apóstoles, que solicitaban abandonar esa práctica (Hch. 15:2). El veredicto del Concilio fue de no obligar a los conversos del cristianismo a circuncidarse ni guardar las leyes mosaicas.
Es muy interesante notar que el todo el debate del Concilio no se menciono el Sábado ni siquiera una sola vez. Esto puede significar dos cosas:
·         O su observancia estaba confirmada y aceptada, y no podía ser puesta en tela de juicio.
·         O todos los cristianos, aun los judaizantes que abogaban seguir con las costumbres judías, estaban de acuerdo en no observar el séptimo día y guardar el domingo en su lugar.
La segunda opción trae varios problemas. Especialmente porque no hay ningún registro bíblico de que Jesús o los apóstoles ordenaran guardar el Sábado o transfirieran la santidad del sábado al domingo. Tampoco hay evidencias bíblicas de los judaizantes aceptaran el domingo como nuevo día de reposo. Es mas, resulta ilógico pensar que ellos aceptaron ese cambio sin discusión. Si hubiera sucedido ese cambio del sábado al domingo, los judaizantes hubieran continuado abogando por las costumbres judías –incluida la observancia del séptimo día- ante el resto de la Iglesia cristiana, especialmente durante el Concilio de Jerusalén.
Por lo tanto la opción mas viable para explicar la falta de debate sobre el sábado y el domingo en el Concilio de Jerusalén, es aceptar que la observancia del séptimo día estaba establecida y aceptada en forma general, por lo que nadie puso en duda la vigencia del mandamiento.
Esto puede ser confirmado por lo escrito en la Epístola a los Hebreos. Allí se le avisa a los cristianos que la observancia del sábado continua vigente:
“Por tanto es claro que queda un descanso sabático para el pueblo de Dios.” (Heb. 4:9)
Durante el cap. 4 de Hebreos hay una idea central que es repetida una y otra vez: hay un reposo para los hijos de Dios. Este reposo no fue el entrar a Canaan, ni tampoco observar el Sábado. Este reposo es espiritual y celestial, es el descanso eterno que los salvos gozaran en el paraíso. Los judíos llamaban al Cielo como “el día donde siempre es sábado”. Por lo tanto, el sábado es una figura del reposo celestial. Esto no anula al sábado, sino que garantiza su vigencia, ya que los símbolos están vigentes hasta que se encuentran con la realidad que simbolizan, y aun no hemos llegado al cielo, tal como lo dice el Comentario Bíblico Jamieson-Fausset-Brown:
“Este texto indirectamente establece todavía la obligación del sábado, un día semanal de descanso, pues el tipo continúa hasta que el antitipo lo substituya; así los sacrificios legales continuaron hasta que el gran sacrificio antitípico invalidó la ley. Como, pues, el sabatismo celestial antitípico no será sino hasta cuando venga Cristo, nuestro Josué evangélico, para introducirnos en él, debe continuar el típico sábado terrenal hasta entonces.” (Comentario Bíblico Jamison-Fausser-Brown, tomo II, pág. 622)

Pero aunque hay una fuerte evidencia de que el sábado continuaba siendo observado por los primeros cristianos, hay quienes aseguran que ellos en realidad guardaban el domingo. Para fundamentar esta postura se utilizan varios textos. Uno de ellos es el siguiente:
“El primer día de la semana,  reunidos los discípulos para partir el pan,  Pablo les enseñaba,  habiendo de salir al día siguiente;  y alargó el discurso hasta la medianoche.” (Hch. 20:7)
Antes de analizar el texto es necesario conocer el contexto. Esta reunión se celebró en Troas, donde Pablo permaneció por siete días (vers. 6). Siendo que los cristianos solían juntarse todos los días (Hch. 2:46), mas que seguro que se celebraron reuniones en los siete días en que Pablo estuvo allí. La reunión en el primer día de la semana es la única relatada debido al milagro que allí sucedió: la resurrección de Eutico (vers. 9 y 10).
Hay quienes aseguran que este reunión en domingo se realizó  porque se estaba guardando el domingo como el Sabbath cristiano. Sin embargo el contexto no favorece esta idea. Es mas probable que haya sido una reunión fraternal entre cristianos para despedir a Pablo, quien se iba al día siguiente:
”El pasaje no es enteramente convincente, porque la inminente partida del apóstol pudo haber determinado que la pequeña iglesia se reuniera para una comida fraternal, en cuya ocasión el apóstol pronunció su último sermón aunque en este caso no hubiera una celebración especial del domingo” (Augusto Neander, The History of the Christian Religion and Church, tomo I, pág. 337).
El mismo lenguaje utilizado por Lucas para relatar esta reunión apoya mas la idea de una reunión fraternal, que de un culto dominical. Para empezar, se dice que Pablo “les enseñaba” (RV1960) o “les hablaba” (BJ). El verbo traducido así es “dialegomai” que significa “dialogar” o “conversar”. Esto es mas propio de un reunión fraternal que de un sermón dominical.
Sin embargo, algunos interpretan la expresión “partir el pan” como una evidencia de que se estaba celebrando la Cena del Señor. Pero esto es erróneo, cada vez que se utiliza esa expresión en el libro de Hechos, se hace para describir una comida grupal entre cristianos amigos y nunca la Cena del Señor.
“Y perseverando unánimes cada día en el templo,  y partiendo el pan en las casas,  comían juntos con alegría y sencillez de corazón,” (Hch. :46)
Lo mismo puede verse en Hechos 20:11 y 27:35.
Otro punto acerca de esta reunión es saber exactamente cuando sucedió. Es posible que haya sucedió en sábado de noche o el domingo de noche. El método de cómputo judío definía el comienzo de un día al anochecer, mientras que el método greco-romano lo definía a medianoche. Lucas utilizó ambos métodos en el libro de Hechos, por lo que es difícil saber cual  utilizo en esta ocasión. Si utilizo el método judío, entonces la reunión sucedió un sábado a la noche, pero si uso el método greco-romano, entonces esta reunión tuvo lugar un domingo a la noche.
Si bien no se puede estar completamente seguro que método utilizó Lucas, la evidencia se inclina por el método judío, tal como dice la Biblia Nacar-Colunga comentada por los Profesores de Salamanca:
“Otro dato interesante es que esa reunión tenía lugar por la' tarde , pues Pablo “prolongó su discurso hasta la medianoche” (v.7) y , después de partir el pan, todavía “prosiguió la plática hasta el amanecer” (v.11). No está claro si se trata de la noche del sábado al domingo o de la del domingo al lunes. Si contamos a la manera greco-romana, es evidente que se trataría de la noche del domingo al lunes, pues de una reunión que comenzaba el sábado por la tarde no podría decirse: “el domingo, estando nosotros reunidos...” (v.7); sin embargo, es muy posible que San Lucas, acomodándose al cómputo judío, comenzase a contar el nuevo día, no desde la medianoche, como los griegos o romanos, sino desde la puesta del sol del día anterior; en cuyo caso, la noche de referencia habrá de ser la del sábado al domingo. […] Ni es obstáculo contra esta interpretación el que, como Pablo había de partir “al día siguiente” (v.7)… Y digo que no es obstáculo, pues ese “al día siguiente” puede muy bien significar, incluso para un judío, el tiempo siguiente a la noche, prescindiendo de todo método de computación en los días (cf. 23:31-32).”
Como podemos ver, el argumento de que Hechos 20:7 relata un culto dominical es muy endeble y no soporta un análisis bíblico exhaustivo.

Otro texto utilizado para fundamentar la idea de que los primeros cristianos guardaban el domingo se encuentra en la Epístola a los Corintios:
“En cuanto a la ofrenda para los santos,  haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo,  según haya prosperado,  guardándolo,  para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.” (1 Co. 16:1-2)
Para empezar, la idea de realizar esta colecta no fue de Pablo, sino de los cristianos de Macedonia y Acaya (Rom. 15:26). Además el lenguaje indica claramente que no existía ninguna reunión semanal en domingo en el cual cada uno debía depositar su donativo. Allí se dice: “par’ heauto” que significa  literalmente “consigo mismo”. Y da a entender que la recaudación de la colecta era de forma individual. De ahí que varias versiones bíblicas traducen correctamente esta frase como “en su propia casa”, por ejemplo la Biblia de Jerusalén, la Reina Valera 1909, etc.
El Comentario Biblico Jamieson-Fausset-Brown. Que es protestante y apoya la observancia del domingo, admite que no había una “colecta pública semanal”, sino que cada uno ponía “aparte privadamente una proporción determinada de sus haberes semanales para la causa del Señor y para limosnas”.
Tal vez alguno se pregunte porque se separa de las ganancias una porción como ofrenda en el día domingo y no en el séptimo día, si este era observado por los cristianos. Pues muy simple, los judíos tenían prohibida cualquier clase de actividad comercial en el día Sábado. Así que tener que hacer un análisis contable de sus ganancias semanales iría en contra de la observancia del sábado. Por lo tanto, que no se haga esta ofrenda en el séptimo día y si en el primero es una clara señal de que el domingo no era observado por los cristianos de Corinto.

Otro texto utilizado para apoyar la idea de que los cristianos primitivos se encuentra en el Apocalipsis
“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor,  y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,” (Apo. 1:10)
Si bien los teólogos no se ponen de acuerdo sobre cual día es llamado “Día del Señor” por Juan, hay muchos que creen que se está hablando de domingo. Básicamente hay dos argumentos por el cual ellos dicen que se está hablando del domingo:
·         Porque los cristianos primitivos solían reunirse en domingo para celebrar la resurrección de Jesucristo.
·         Porque en la literatura cristiana extra-bíblica se llama al domingo como “el día del Señor”.
Hay un grupo de eruditos que dicen que aquí se hace referencia al día del juicio. Pero esta interpretación, por la cual el día del Señor seria escatológico, no tiene ningún fundamento, ya que la expresión griega “día del Señor” (kuriake hemera) jamás se utiliza para describir el día del juicio.
Los argumentos para defender al domingo como el “día del Señor” son muy débiles. En toda la Biblia no hay ni siquiera un solo versículo que diga que los primeros cristianos celebraban la resurrección de Cristo en el domingo. Tampoco hay ninguna orden, ni de Jesús ni de los apóstoles, que ordene guardar o santificar el domingo, ni tampoco hay ningún registro de que la santidad del séptimo día haya sido transferida al primer día de la semana.
El segundo argumento es tan débil como el primero. La Biblia siempre nombra al domingo como “primer día de la semana”, y nunca como “el día del Señor”. Incluso Juan, el escritor del Apocalipsis, al mencionar al domingo en su evangelio dice: “el primer día de la semana” (Jn. 20:1). Esto es de vital importancia, ya que los teólogos reconocen que el Evangelio de Juan fue escrito después del Apocalipsis. Por lo que si en este libro el domingo es llamado “día del Señor”, lo mismo debería esperarse del Evangelio de Juan. Pero esto no sucede.
La primera vez que el domingo es llamado “día del Señor” ocurre a fines del siglo II (unos 100 años después de que se escribió el Apocalipsis) en un libro apócrifo y gnóstico llamado “Evangelio de Pedro”. Este libro no fue aceptado por la mayoría de los cristianos, sino solo por algunas sectas gnósticas. Serapion, Obispo de Antioquia, escribió alrededor del año 200 d.C., en uno de sus libros:
“Nosotros, hermanos, recibimos a Pedro y a los otros Apóstoles, como a Cristo; pero rechazamos los escritos que falsamente llevan sus nombres” (The Ante-Nicene Fathers, Vol. VIII, pág. 775)
Como podemos ver la evidencia  a favor de la identificación del “día del Señor” con el domingo es muy débil.
Pero, ¿hay evidencia de que el “día del Señor”” sea el Sábado?
Pues si, porque en griego la expresión “día del señor” es kuriake hemera (κυριακ μέρ) que literalmente significa: “día señorial” y debe interpretarse como “día del Señor” o, mejor aún,  “día perteneciente al Señor”.
La palabra “hemera” significa día, y es usada en numerosas ocasiones en la Biblia. La palabra “kuriake” solo aparece en dos ocasiones en el NT. Además de Apocalipsis 1:10, también aparece en 1 de Corintios 11:20:
Cuando,  pues,  os reunís vosotros,  esto no es comer la cena del Señor (kuriake).”
La expresión “kuriake” proviene de “Kurios” que significa Señor, Amo o autoridad y, además, era el nombre por el cual se traducía al griego el nombre hebreo de Dios: Jehová. Kuriake hemera, por lo tanto, significa “día que pertenece al Señor”. La evidencia histórica apoya esta interpretación. “Kuriake” aparece en varios documentos seculares antiguos para referirse a las cosas pertenecientes al emperador de Roma.
La palabra kuriake también aparece en la escritura extra-biblica cristiana del siglo II para describir aquello que pertenece a Jesús:
En una de las obras de Papias (60-130 d.C.) se mencionan las “palabras del Señor (kuriake)”, haciendo referencias a las enseñanzas de Jesús. Ireneo de Lyon (125-200 d.C.) habla acerca de las “parábolas del Señor (kuriake)”. Es decir, de las parábolas que tenían a Cristo como su autor. La expresión “kuriake” siempre hacía referencia a las cosas que le pertenecían a nuestro Señor Jesús. Por lo tanto, el “Día del Señor” debe ser aquel día que le pertenece a Cristo en forma especial.
En toda la Biblia hay un solo día que Dios ha descrito como suyo en forma especial: el Sábado. Jesús confirmo esto diciendo:
 “porque el Hijo del Hombre es Señor (Kurios) del día de reposo.” (Mateo 12:8)
Si bien en la Biblia en sábado nunca es llamado “día del Señor”, si es llamado “Sábado del Señor” en la versión griega del Antiguo Testamento (Ex. 16:25; 35:2). Esta versión, llamada Septuaginta, fue la más utilizada por los apóstoles, incluyendo Juan, al citar o aludir al Antiguo Testamento en sus escritos.

El Sábado, el Domingo y el Nuevo Pacto.
La muerte y resurrección de Jesucristo dio por abolido el pacto antiguo y estreno un Nuevo Pacto ente Dios y sus hijos. Muchos creen que este Nuevo Pacto no incluía el sábado, sino al domingo en su lugar. Sin embargo no existe ninguna referencia bíblica que compruebe tal cosa. Ni Jesús ni los apóstoles enseñaron tal cosa. En realidad, la evidencia bíblica está en contra de tal postura.
Las leyes mosaicas ceremoniales prefiguraban la obra expiatoria de Cristo. Por ejemplo, el sacrificio de los corderos para redención de los pecados era un símbolo de la crucifixión del “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Cuando el símbolo se encuentra con la realidad que simboliza, deja de tener vigencia. Por eso, luego de la crucifixión de Cristo, los sacrificios de corderos dejaron de ser aceptados por Dios. Pablo explicó esto de una manera muy simple diciendo: “porque el fin de la ley es Cristo,” (Rom. 10:4), es decir, que con Jesús las leyes ceremoniales terminan porque su objetivo era señalar a Cristo.
 Pero aunque las leyes ceremoniales tuvieron su final con Cristo, no sucedió lo mismo con las leyes morales. Esto se debe a que estas leyes son una expresión de la voluntad de Dios para con su pueblo, es decir, muestran lo que Dios quiere que sus hijos hagan. Una clara evidencia de que las leyes morales –incluyendo el Decálogo-  continuaron vigentes luego del Calvario es que Pablo mismo ordena su cumplimiento:
“Hijos,  obedeced en el Señor a vuestros padres,  porque esto es justo.  Honra a tu padre y a tu madre,  que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien,  y seas de larga vida sobre la tierra.” (Efe. 6:1-3)
En este texto Pablo le ordena a los efesios que cumplan con el quinto mandamiento del Decálogo, aunque ellos no eran cristianos judíos, sino cristianos gentiles (Efe. 2:11-12; 3:1; 4:17). Además de este mandamiento, Pablo ordena el cumplimiento de otros de los Diez Mandamientos en sus escritos (Efe. 4:25, 28; Rom. 7:8; 13:9). El Apóstol Santiago (también llamado Jacobo) fue mas allá y declaró que seriamos juzgados ante Dios por los mandamientos del Decálogo (Stg. 2:10-12).
En vista de esas evidencias bíblicas podemos ver que los Diez Mandamientos, entre los cuales está la observancia del sábado, eran considerados como vigentes en el Nuevo Testamento, cuando los cristianos estaban bajo el Nuevo Pacto. Eso es confirmado también por lo dicho en el Epístola a los Hebreos:
“Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días,  dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres  El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;  Porque ellos no permanecieron en mi pacto,  Y yo me desentendí de ellos,  dice el Señor. Por lo cual,  este es el pacto que haré con la casa de Israel  Después de aquellos días,  dice el Señor:  Pondré mis leyes en la mente de ellos,  Y sobre su corazón las escribiré;  Y seré a ellos por Dios,  Y ellos me serán a mí por pueblo; Y ninguno enseñará a su prójimo,  Ni ninguno a su hermano,  diciendo:  Conoce al Señor;  Porque todos me conocerán,  Desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias,  Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Al decir: Nuevo pacto,  ha dado por viejo al primero;  y lo que se da por viejo y se envejece,  está próximo a desaparecer.” (Heb. 8:8-13)
Este texto bíblico nos dice que el Pacto que Dios hizo con el pueblo de Israel esta obsoleto. Hay un nuevo Pacto que Dios ha hecho con sus hijos. Y en este Nuevo Pacto Dios pondrá sus leyes en las mentes de sus hijos y las escribirá en sus corazones. Es interesante notar que en ningún lugar Dios dice: “escribiré mis nuevas leyes en sus mentes”, sino simplemente “mis leyes”. Y Dios tampoco dice “escribiré mis leyes, excepto el mandamiento del sábado, en sus mentes”, ni tampoco “escribiré mis leyes, excepto al sábado que cambiare al domingo, en sus mentes”. Por lo tanto, es obvio que el Nuevo Pacto cuenta con las mismas leyes que el antiguo, excepto, por supuesto, las leyes ceremoniales.

Para apoyar la idea de que el Sábado o el Decálogo no están incluidos en el Nuevo Pacto se utilizan ciertos versículos bíblicos. Uno de estos se encuentra en la Epístola a los Gálatas:
“Guardáis los días,  los meses,  los tiempos y los años. Me temo de vosotros,  que haya trabajado en vano con vosotros.” (Gal. 4:10-11)
Sin embargo es suficiente con leer los versículos anteriores a este texto bíblico para darse cuenta de que Pablo no estaba hablando de la observancia del sábado.
“Ciertamente,  en otro tiempo,  no conociendo a Dios,  servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora,  conociendo a Dios,  o más bien,  siendo conocidos por Dios,  ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos,  a los cuales os queréis volver a esclavizar?” (Gal. 4:8-9)
Pablo les está recriminando a los gálatas que estaban regresando a sus costumbres paganas. Él les dice que ahora que conocen al Dios verdadero no pueden regresar a los “débiles y pobres rudimentos”  que solían tener cuando no conocían a Dios, sino que adoraban a dioses paganos. Estos rudimentos que menciona Pablo son el guardar los “días, los meses,  los tiempos y los años”. Es decir, que el texto no Gálatas 4:10 no se relaciona con la observancia del sábado, sino con las festividades paganas.
Otro texto utilizado incorrectamente para apoyar la idea de que el Decálogo, junto con el Sábado, no pertenece al Nuevo Pacto se encuentra en la Epístola a los Hebreos:
“Porque cambiado el sacerdocio,  necesario es que haya también cambio de ley. Queda,  pues,  abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia” (Heb. 7:12, 18)
Pero, al igual que con el texto bíblico de gálatas, al leer el contexto podemos determinar fácilmente que aquí no se está mencionando ni al Decálogo ni al Sábado:
“Y aquel de quien se dice esto,  es de otra tribu,  de la cual nadie sirvió al altar.
Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá,  de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio. Y esto es aun más manifiesto,  si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia,  sino según el poder de una vida indestructible.” (Heb. 7:13-16)
Aquí se dice que los sacerdotes judíos ya no pueden interceder por nosotros ante Dios, sino que Jesucristo, nuestro nuevo Sumo Sacerdote es quien intercede por nosotros ante Dios (Heb. 7:25-26). Pero en la religión hebrea solo los descendientes de Levi podían ser sacerdotes (Num. 3:6-7) y solo los descendientes de Aarón podían ser sumos sacerdotes (Num. 16:40). Pero Jesús era de la tribu de Judá, la cual no podía desempeñar el sacerdocio. Pero dado que Jesús es nuestro sumo Sacerdote, entonces esa “ley del mandamiento acerca de la descendencia” ha sido abolida.
En resumen, podemos ver que estos textos de Hebreos no hablan del Decálogo o el Sábado, sino de la ley de descendencia que solo permitía a los descendientes de Levi ser sacerdotes.
Como podemos ver hasta ahora, los textos utilizados generalmente para apoyar la idea de que la observancia del Sábado, junto con el Decálogo, esta abolida, son solo versículos malinterpretados y aislados de su contexto. Lo mismo sucede con otros versículos tergiversados para apoyar la idea anti-bíblica de que la observancia del séptimo día ya no está vigente:
“Uno hace diferencia entre día y día;  otro juzga iguales todos los días.  Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día,  lo hace para el Señor;  y el que no hace caso del día,  para el Señor no lo hace.  El que come,  para el Señor come,  porque da gracias a Dios;  y el que no come,  para el Señor no come,  y da gracias a Dios.” (Rom. 14:5-6)
Lo primero que debemos notar es que en ningún lugar se menciona al sábado. Y el contexto tampoco trata sobre el día de adoración. Aquí el tema de días especiales y comidas esta intrínsecamente relacionado. Los “débiles en la fe” (vers. 1) no consumían carnes, sino solo verduras (vers. 2 y 21) y creían que habían días especiales sobre otros (vers. 5). Esta postura era cuestión de “opiniones” y no sobre doctrina (vers. 1). Esto descarta que se esté hablando de los mandamientos de Dios, y hace mucho mas realista la idea de que se esté hablando de días de ayuno, como los que los judíos tenían (Lc. 18:12) y otros festividades judías basadas en la tradición. Ver aquí una alusión a la observancia del Sábado va contra el contexto y la lógica:
“El sábado era más antiguo que el judaísmo; y aun bajo el judaísmo, estaba incrustado entre las eternas santidades del Decálogo; y fué pronunciado, como ninguna otra parte del judaísmo, ante el temor reverente del pueblo en el Sinaí; y si el Legislador mismo dijo de él cuando en la tierra estaba: “El Hijo del hombre es Señor aun del sábado”. Será difícil probar que el apóstol hubiese querido decir que sus lectores debieran catalogarlo entre los fenecidos días festivos judaicos, tocante a los cuales sólo los más débiles podían imaginarse que estaban aún en vigor—debilidad que los que más luz tenían debían tolerar por amor” (Comentario Bíblico Jamieson-Fausset-Brown. Tomo II, pág. 345)

Otro de los textos utilizados con frecuencia para intentar apoyar la idea de que el séptimo día ya no debe ser guardado como parte del Nuevo Pacto es el siguiente:
“Por tanto,  nadie os juzgue en comida o en bebida,  o en cuanto a días de fiesta,  luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir;  pero el cuerpo es de Cristo.” (Col. 2:16-17)
Esta declaración se encuentra contextualizada por una reprensión que Pablo les hace a los colosenses. La iglesia de Colosas había sido invadida por falsos maestros que intentaban imponer doctrinas extrañas, como el culto a los ángeles (Col. 2:18), la autoflagelación (Col. 2:23), etc. Pablo les advirtió a los colosenses que no debían dejar que estos maestros los obligaran a cumplir preceptos humanos (“nadie os juzgue”) y tradiciones (vers. 22). Entre estas cosas que los maestros intentaban imponer y que los colosenses no debían permitir estaban las prohibiciones de algunas comidas y bebidas (Col. 2:16, 21) y la observancia de días festivos, lunas nuevas y sábados (Col. 2:16).
Sin embargo no está claro a que sábados se está refiriendo Pablo. Esto se debe a que dentro del judaísmo había varios tipos de sábados:
·         Las fiestas judías anuales llamadas sábados (Lev. 16:31; 23:32, 37-39).
·         El Sábado semanal.
Hay una forma muy simple de saber a cuál de los dos tipos de sábados se está refiriendo Pablo. Él dice que estos sábados son “una sombra de lo que ha de venir” (Col. 2:17). Los sábados anuales era literalmente figuras del ministerio de Cristo y su obra futura, pero el sábado semanal era un recordatorio de la creación (Ex. 20:11). Por lo que Pablo estaba hablando de los sábados anuales, que eran símbolos de lo futuro, y no del sábado semanal, que es un memorial de un suceso pasado.

Conclusión
La Biblia nos dice que ya en la creación Dios separo un día especial para que el hombre se lo dedique a El, y a la vez para que éste se beneficie del descanso físico y mental. Este día es el séptimo de la semana, el Sábado. Jesús y los apóstoles guardaron el sábado y jamás dijeron ni una sola palabra en contra de la observancia del sábado o de su sustitución por el domingo. Ellos creían que el Decálogo, tal como existía en el AT, continuaba vigente en el Nuevo Pacto. Toda la Biblia apunta a una sola dirección: la observancia del sábado y no del domingo.

sábado, 9 de febrero de 2013

Clifford Goldstein - El dia del Dragon

Este libro es una visión inquietante como animadora de la fe, al comprobar cómo los eventos actuales han establecido el escenario para que los Estados Unidos cumpla su cita con el destino profético. El autor afina nuestros oídos con lenguaje fuerte y hechos contundentes para que escuchemos la voz rápidamente cambiante de la bestia semejante a un cordero.


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